TRASTORNOS DEL TIEMPO
Dr. Francisco Goldstein Herman
Enfermos para los que el tiempo pasa muy rápido
Traté a una enferma, Octavia, que padecía la sensación de que el “tiempo pasaba a toda velocidad”.
Como consecuencia de que el tiempo le parecía tan corto, esta mujer hacía todas las cosas muy lentamente.
Precisamente en el cine se logra ese efecto de lentitud apresurando las tomas de escena: a mayor número de fotos pasadas en el mismo tiempo se produce el efecto de lentitud. El efecto contrario, la aceleración del movimiento, lo podemos ver en el cine antiguo donde todos los actores parecían correr y sus movimientos aparecían cortados. Esto resulta del menor número de fotos que se podían tomar y pasar en el mismo tiempo.
Es que, significativamente, estos pacientes suelen tener “respuestas muy lentas a todos los estímulos”.
Si se les habla piensan mucho antes de responder y cuando lo hacen, contestan muy lentamente. Generalmente necesitan que se les repitan las preguntas. Con estos antecedentes seguramente no esperaríamos que sus respuestas fueran correctas, pero suelen serlo. Los movimientos de estos enfermos son lentos, proceden con tardanza, son flemáticos. Necesitan mucho tiempo para dar vuelta la cabeza cuando quieren ver algo que está a sus espaldas o volverse para contestar a un llamado.
Actúan como esos personajes de películas con movimiento retardado. Sus impresiones nerviosas parecen necesitar más tiempo que el normal en llegar a los centros cerebrales. Sin embargo, cuando a estos enfermos se les mide sus tiempos de conducción nerviosa, estos no revelan disminución alguna.
Al hablar estos enfermos no encuentran la palabra apropiada, por ello no pueden expresarse correctamente. Son lentos para hablar y para comprender. Esto los hace olvidadizos. Tienen mala memoria, olvidan lo que acaban de pensar o leer. Necesitan repetir una lectura varias veces para entender lo que leen. Se equivocan. Parece que en ellos hubiera un agotamiento o postración nerviosa que, en algunos enfermos llega a la imbecilidad. Llamativamente en estos casos, la confusión mental es peor después de comer o beber.
La sensibilidad de estos enfermos está aumentada. Son hipersensibles. Dicho de otro modo, su sistema nervioso presenta una exagerada excitabilidad. No soportan ruidos, sacudidas, voces fuertes. Se sobresalta muy fácilmente por cualquier estimulo. Son sumamente susceptibles. Se ofenden con mucha facilidad por cualquier tontería, no toleran que los toquen, tampoco aceptan que los contradigan.
Suele encontrarse a estos pacientes sentados en un rincón, callados, enfrascados en recuerdos tristes y sin advertir lo que ocurre a su alrededor. A pesar de ser ellos los autores de esos estados, padecen una constante sensación de gran aislamiento.
Enfermos para los que “El tiempo pasa muy lento”
Por el contrario, los enfermos que sienten que “el tiempo pasa muy lentamente” o que, “no pasa nunca”, suelen asociar “un aumento exagerado de la distancia”. Los minutos le parecen siglos y
sienten que los metros son kilómetros.
Con relación al exagerado aumento de la impresión de la distancia, estas personas piensan que los objetos están agrandados, o que ellos mismos han crecido desmesuradamente.
Simultáneamente , muchos de estos enfermos tienen la sensación de un desdoblamiento o duplicación de la personalidad. Creen que una parte de ellos actúa con independencia de la otra. También están convencidos de tener dos exigencias y que cada uno vive en mundos diferentes.
Como los enfermos que sienten que el tiempo pasa muy rápido, estos que sienten que el tiempo pasa muy lentamente también son muy olvidadizos. Olvidan lo que iban a decir o escribir. Empiezan una frase y no la terminan. Las ideas se les desvanecen, no pueden fijarlas, se les mezclan. Padecen de fuga de ideas.
En consecuencia, los pacientes que presentan trastornos con el tiempo, tanto los que sienten que el tiempo vuela, como los que experimentan que se arrastra y no pasa nunca, terminan temiendo volverse locos, aunque de hecho no lo son.
Sin embargo, estos enfermos tienen cura y esperanzas, pues la precocidad con que estos síntomas se presentan, alteran y permiten su tratamiento antes de que progrese hacia una futura y severa enfermedad.
Es conveniente atender a estos signos antes de que la enfermedad se desarrolle.
La Psicomeopatía trata estos casos con éxito, con medicinas homeopáticas, que no producen acostumbramiento, ni tienen contraindicación alguna, precisamente porque no tienen drogas y cuyo efecto ha sido probado desde hace casi doscientos años.