LA TEMPERATURA EN LOS TRATAMIENTOS HOMEOPÁTICOS

Dr. Mario A. Marino

La temperatura corporal puede tomarse en la boca, axilas, ingles, recto, conductos auditivos y hasta en la piel con termistores especiales e incluso con indicadores químicos. En el individuo asintomático presuntamente sano, la temperatura tomada debajo de la lengua a un costado y cerca del pilar anterior del istmo de las fauces, suele ser 0,5 a 1°C mayor que las axilares y 0,3 a 0,5° C mayor que las inguinales. Se considera normal una temperatura bucal de 36,5 a 37° C, con respectivas cifras un tanto menores para las axilares e inguinales, que deben ser simétricas. La temperatura rectal, en cambio, suele ser algo más alta que la bucal y se denomina temperatura central. Aunque en la bibliografía médica contemporánea no se ha publicado nada sobre las relaciones entre las distintas temperaturas corporales tomadas simultáneamente en los estados de enfermedad, se adopte un tratamiento homeopático o no, estas relaciones son fundamentales para saber que patología se debe buscar. Por ejemplo, una temperatura bucal de 37,5 acompañada de36 en una axila y de 34 en la otra, revela una patología importante que está deprimiendo mucho los valores, en forma unilateral. Estas diferencias tan grandes, no son infrecuentes. En la medicina homeopática existen remedios que corrigen en algunos casos las diferencias anormales de temperatura, en particular las asimetrías axilares, a las pocas horas de administrar la dosis única, al extremo que esta normalización puede significar que el remedio esta surtiendo efecto y conducirá a la solución del problema. Esto es de particular interés en ciertos cánceres.

ANORMALIDADES REGIONALES DE LA TEMPERATURA.

La temperatura de una región (bucal, axilar, inguinal) está aumentada en relación con las de otras regiones, en todos los procesos locales inflamatorios, infecciosos o de vasodilatación, y está disminuida en los de vasoconstricción, fibrosis, displasia y cánceres esclerosantes, el de mama en particular.

He aquí algunos ejemplos del cambio térmico obtenido con Homeopatía.

E.B. mujer de 56 años. El 3 de enero de 1991 llega con diagnóstico mamográfico de carcinoma en la mama izquierda, cuyo pezón está retraído. Los valores clínicos ese día son, pulso 85 y temperaturas 37, 36,2 y 35,2 (bucal y axilares derecha e izquierda) El pezón izquierdo está tan retraído que no se ve. Se le administra en ese momento Calcárea fluorica 6, dos glóbulos y se le indica a la paciente que esa noche anote sus temperaturas axilares y siga tomando su remedio todas las noches. Pocas horas después de recibir la primera dosis las temperaturas axilares estaban en 36,6 y 36,9 (la derecha había subido 0,4 y la izquierda 1,7 C.) Sabemos entonces que se están activando las defensas biológicas contra el carcinoma.

El 11 de enero, temperaturas axilares 36,5 y 36,6, que persisten así en lo sucesivo. El 2 de abril, cuatro meses después, el pezón izquierdo sobresale casi tanto como el derecho; el pulso es de 80 y temperaturas 37, 36,2 y 36,6. Si no fuese por el diagnóstico mamográfico habríamos restado toda importancia a esta mejoría.

L.A. Hombre de 71 años. El 30 de junio había sido atendido por un complejo cuadro que no respondía a la medicina alopática, pero mejoró espectacularmente con una dosis única de Sulphur 200 que no requirió repetición. El 7 de enero sin embargo, llega por dificultad y hasta imposibilidad de tragar alimentos sólidos (disfagia) con regurgitación de alimentos en estado de descomposición y gran enflaquecimiento. Pulso 80 y temperaturas 36,3, 35,6 y 35,2. Como el paciente no quiere hacerse el esofagograma ni la endoscopía por "miedo a tener un cáncer", al terminar el examen clínico una dosis de baryta carbónica 30, con lo cual esa noche pudo cenar con voraz apetito y sus temperaturas axilares subieron a 36,8 y 35,5. El 11 de enero reaparece la disfagia y sus temperaturas axilares han disminuido (35,8, 35,5) Con una dosis del mismo remedio pero a la 200 vuelve a comer bien y sus temperaturas axilares suben a 36,1 y 35,9. Esta mejoría dura hasta el 20 de enero en que vuelve la disfagia y las temperaturas caen a 35 y 35,3. Toma entonces una dosis a la 1.000 y su mejoría dura hasta el 4 de mayo (ha engordado y trabaja de albañil mientras tanto) en esta fecha las temperaturas son 36,4; 35,2 y 35,4.

Después de esta dosis la disfagia desaparece una vez más y esa noche las temperaturas axilares eran 36 y36, manteniéndose en estado de salud hasta ahora.

El siguiente es un ejemplo de que las temperaturas tienen que considerarse antes de iniciar el tratamiento, porque después pierden validez. A.A. hombre de 69 años, hermano de L.A. Está internado en un servicio de terapia intensiva por carcinoma hepatocelular y se proyecta hacerle una hemihepatectomía (extirpar la mitad de su hígado). Tiene ictericia, no come, está muy flaco y vomita. El 10 de mayo de 1990 le prescribo Nitric acidum 6, dos glóbulos, dos veces por día, puestos en la boca. Al día siguiente la ictericia cede y desaparecen los vómitos; al segundo día el paciente come y al tercero protesta porque se siente bien y quiere volver a su casa. A.A. tomó su primer dosis de Nitric acidum el 10 de mayo y llega al consultorio el 14. Encontramos bazo palpable (6cm.) e hígado agrandado (10cm. Por debajo del borde costal), con un pulso de 85 y temperaturas sugestivas de inflamación en el lado derecho 36,5; 36,5 y 36,1. Desconocemos su cuadro térmico antes de tomar la primera dosis de su remedio.

El 23 de junio, no se palpa el bazo y el hígado sólo mide 6cm. En exceso; nos enteramos que el paciente, desde el 20 de mayo el paciente atiende su puesto de flores en Chacarita. El 25 de agosto los valores son: pulso 70 y temperaturas 36,4, 36 y 36. El hígado se palpa de tamaño normal. El hepatograma solicitado es normal

Otro caso: N.Y. Hombre de 68 años. Tiene enfermedad de Dupuytren avanzada en la mano izquierda y enfermedad de Peyronie (fibrosis retráctil de la palma y del pene, respectivamente), además de un lipoma en la nuca. El 4 de junio de 1991, encontramos pulso 60 y temperaturas 36,4, 35,6 y 34,9. El pulso lento descartaría un cáncer y la presencia del lipoma, además de un deterioro de su aptitud mental (es gerente de una empresa) orientan hacia Baryta carbónica. Doy enseguida una dosis a la 30c. Y esa misma noche las temperaturas axilares suben a 36 en ambos lados. Ahora el paciente tomará la potencia 200c. Apenas observe una caída de las temperaturas axilares y más tarde la potencia 1.000c. si sucede lo mismo. Por la respuesta térmica que ha tenido con la primer dosis, anticipamos que esta fibrosis cederá.

Comentario: En el siglo pasado casi los únicos instrumentos que se usaban en clínica eran el reloj, el termómetro y el estetoscopio. En esos tiempos, en consultorios muy concurridos, para tomar el pulso propusieron mentalizar ritmos musicales de frecuencias de 60, 70, 80, etc., por minuto. Como la cronometría de la música es muy exacta, con este método se obtienen cifras tan precisas como si se contasen las pulsaciones durante un minuto entero con el reloj, pero basta mentalizar 3 ó 4 compases para obtenerlas. Las temperaturas se tomaban en la boca, las axilas y a veces en las ingles y las diferencias regionales servían para orientarse hacia enfermedades como tuberculosis, infecciones renales e intestinales, etc. y también para sospechar procesos cancerosos.

En la actualidad se sabe que ciertos cánceres elaboran sustancias cardio y vasoactivas que aceleran los latidos cardiacos y producen dilatación o constricción de los pequeños vasos sanguíneos, en particular esto último. Este autor, a partir de 1967, empezó a aplicar en clínica estos datos históricos recogidos de traducciones de libros. La toma del pulso y de por lo menos 3 temperaturas corporales simultáneas (bucal y axilares) es crucial para establecer un diagnóstico, especialmente si se va a hacer un tratamiento homeopático. Un pulso demasiado acelerado en relación en el cuadro térmico (descartando un origen cardíaco) orienta hacia estados displásicos o neoplásicos, pero es natural que el pulso esté acelerado en las fiebres. El cuadro térmico en cambio, permite dilucidar si se debe dar un remedio homeopático para el lado derecho o izquierdo que también sirva para enfermedades que cursan con "falta de calor vital" (Repertorio de Kent pág, 815)