TEMORES, ANSIEDAD Y PÁNICO

DR. Francisco Goldstein Herman

 

Los ataques de pánico son cuadros que vemos en nuestros consultorios cada vez con más frecuencia.

El pánico es una ansiedad desmedida, descontrolada, muy próxima a la angustia, Esta no tiene explicación ni causa. La ansiedad se procura una causa a cualquier costo, la inventa o la crea y cree en ella para evitar la angustia. La angustia es, aunque parezca paradójico, la curación espontánea de la angustia. La angustia es lo peor que pueda sucederle a una persona, equivale a una descarga eléctrica, a una electrocutación  pero, no recibida en el cuerpo sino en lo anímico..

El pánico se asemeja a la angustia pero no llega a serlo; sobrevienen ataques o “rashes”, es decir momentos muy conmocionantes, pero que pasan, terminan. La angustia puede durar meses sin dar alternativa ni descanso, parece  no terminar nunca.

La ansiedad y los temores son los antecedentes inmediatos del pánico.

 

ENFERMO DE SUFRIR POR SU SALUD

Carlos de 32 años, estaba un poco “entrado en carnes”. Soy regordito – describiéndose a sí mismo.

Padecía un buen número de ansiedades y temores.

Tenía miedo a morir y éste era peor durante la noche se martirizaba con un irrefrenable terror a morir de hambre. Sufría ante la posibilidad de que otros se dieran cuenta de su estado anímico.

El saber sobre enfermedades, especialmente las contagiosas, lo desesperaba, pero leía cuanto libro,

O folleto caía en sus manos. Sabía pormenores de la tuberculosis, de las cardiopatías, de las enfermedades epidémicas y de las incurables. Hablaba de ellas con ansiedad temiendo por su salud dando razones para la posibilidad de estar afectado por cada una de ellas y aún por todas a la vez

.Terror a las sombras

Carlos no solo padecía por su salud, se atormentaba ante todas las formas de oscuridad .hacia media noche daba vueltas demorando el momento de tener que irse a dormir. De igual modo temblaba  por tener que despertar lo torturaba el pensamiento de perder la razón, pero junto a ello se martirizaba  imaginando que alguien pudiera hacerle un mal, o que pudiera ocurrirle algo espantoso, cuya naturaleza no pudiera precisar. De aquí procedía su aflicción ante la posibilidad de estar solo y naturalmente, su intensa necesidad de compañía. Su gran remedio era de estar con gente, sobre todo durante la noche.

Era devoto de las reuniones nocturnas, siempre elegía las funciones trasnoche. Después de estas, las discusiones sobre lo visto solían sorprenderlo amaneciendo en algún café con sus amigos había convertido en un noctámbulo solo para evitar retirarse a dormir. Decía temer a su propia sombra. Se apartaba de los animales y contradiciendo su necesidad de compañía  huía de las multitudes, de las aglomeraciones y por ende, de los lugares públicos.

Las iglesias estaban prohibidas para él. También, quien sabe porque razón, los sótanos eran lugares a los que no se permitía acceder, eran espacios imposibles para su persona. Carlos me explicaba como sus miedos le daban la impresión de que partieran desde el estomago o los senita allí establecidos com si hubieran tomado posesión de un órgano. Este joven había sido miedoso durante toda su vida. Donde él durmiera, la cama aparecía toda revuelta así se comprobaba la inquietud que lo acometía durante la noche.

 

OBSECACIÓN Y LENTITUD

Era obstinado. Perseguía tenazmente cualquier trabajo que iniciara. No podía dejar algo sin terminar.  Desde chico le decían que era terco o testarudo. También era sumamente sensible. Le resultaban intolerables las historias espeluznantes y le propician gran excitación. Ni hablar de las malas noticias, lo trastornaban. Mostraba lentitud en sus movimientos pero, también era amoroso para hacer cálculos. Los esfuerzos mentales lo cansaban. Se equivocaba al hablar, Ubicaba mal las palabras o las usaba en forma errónea.

Durante la entrevista se hizo evidente cuan mal lo ponía tener que contar ciertas facetas de su personalidad porque a él no le gustaba descubrir porque no consideraba que fueran síntomas. Creía que síntomas eran solo los referidos a su cuerpo. Precisamente, se había puesto de mal humor cuando se sintió ofendido por una pregunta mía que excedía el marco de sus dolencias físicas. La pregunta no tenia ningún otro objetivo que mejorar mi conocimiento ha cerca de mi paciente y la personalidad de este provee a la Psicomeopatía una rica fuente de cono cimientos  de los síntomas psíquicos que se forjan en cada persona acompañando y aun, anticipándose a la aparición del síntoma físico.

Después que quedo aclarado de que para la Psicomeopatía el término síntoma no se limitaba a lo físico y pudo asumirlo, Carlos recordó un síntoma que padecía y que creía que mostraba ambas vertientes. El era constipado de toda la vida, lo consideraba síntoma físico pero había notado que cuando no iba al baño estaba emocionalmente mas suelto, podía divertirse. Admitió que estaba mas alegre cuando se constipaba .Esto lo consideraba psíquico.

Después de haber descubierto este aspecto de si mismo se animo a confesar que era más que rencoroso. El aborrecía a ciertas personas con las que había tenido roces hacia mucho tiempo. Tenia deseo de aniquilarlas, de borrarlas del mapa de destruirlas moral y físicamente.

Esta nueva faceta de la totalidad de mi paciente permitió a la Psicomeopatía seleccionar el medicamento más conveniente para la dolencia de Carlos e hizo de él una persona nueva, tanto física como psíquicamente. Desaparecieron sus temores, los nocturnos y los demás. Su ansiedad por su porvenir o por lo que podía acontecer en el futuro quedó mitigada. Adquirió seguridad. Dejó de preocuparse por su salud y pudo derivar hacia tareas útiles la energía psíquica que derrochaba en obsesiones, odios y resentimientos. Pero Carlos decidió asegurarse ante posibles retornos de sus martirios y pidió concurrir a “hacerse un servicie” de psicoterapia una vez< por semana.

“Total, si a mi auto lo llevo una vez por semana por qué no hacerme un servicie del”bocho para mi? “