GRIPE  A1-H1       ( GRIPE  PORCINA )

DR CARLOS A. DISTILO

Profesor Titular de Medicina Homeopática del Curso Universitario de Homeopatía Clínica de la Universidad  Maimónides.

Profesor Adjunto Extraordinario de Medicinas Alternativas de la Facultad de Medicina de la Universidad del Salvador de la Republica Argentina

 

 

La influenza porcina es una enfermedad respiratoria de los cerdos que por sufrir los virus que la originan ciertas mutaciones se ha transformado en causante de gripe o influenza en los seres humanos también.

La gripe es una infección aguda de las vías respiratorias causada por los virus gripales A, B y C. La importancia de la enfermedad radica en su elevada capacidad de difusión,  su alta morbilidad (proporción de enfermedades en una comunidad), su repercusión sobre la mortalidad y sus consecuencias económicas.

Los virus de la gripe son miembros de la familia Orthomyxoviridae, de los cuales los virus A, B y C constituyen tres géneros separados. Su designación

se basa en características antigénicas de la nucleoproteína (NP)  y los antígenos proteínicos de la matriz (M). Los virus de la gripe A se subclasifican  en base a los antígenos de hemaglutinina (H) y de neuroaminidasa (N).

El virus de la gripe A tiene 16 subtipos H y 9 subtipos N distintos, de los cuales sólo se han relacionado los subtipos H1, H2, H3, N1 y N2 con brotes extensos de enfermedad en seres humanos.

Las respuestas inmunitarias contra el antígeno H constituyen los factores determinantes de la protección contra la infección por virus de influenza, en tanto que las que surgen contra el antígeno N limitan la propagación del virus y contribuyen a la disminución en al intensidad de la infección.

 

Los brotes de gripe ocurren cada año y son producidos por variantes de los virus tipo A y B (la porcina es sólo tipo A(H1N1), de forma que durante los primeros años de vida casi nadie escapa a estas infecciones que sólo dejan su inmunidad frente a la cepa de virus infectante, siendo la norma que las personas sufran varios episodios a lo largo de sus vida.

 

Como regla general la gripe es una infección vírica de gran morbilidad (proporción de enfermos con gripe en una comunidad) en niños y jóvenes y  mayor mortalidad en ancianos. 

 

Los virus del tipo A  pueden presentar variaciones antigénicas mayores con cambios totales en sus antígenos de superficie y por lo general estos cambios se producen cada 10 años.

En estos casos como la población no presenta inmunidad o defensa, el virus muestra una difusión mundial, dando lugar a la gripe pandémica, llegando a enfermarse hasta el 50 % de la misma población.

Los virus de la gripe presentan también variaciones antigénicas menores en sus antígenos de superficie y que dan lugar a casos de gripe localizados en una zona, región o país, en forma de brotes epidémicos. Estos brotes ocurren durante los meses de invierno en general cada 2-3 años para el tipo A y con intervalos mayores para el tipo B.

 

La gripe se transmite de persona a persona a través de las pequeñísimas gotitas de saliva cargadas de virus, que proyectan los enfermos al ambiente al estornudar, toser o simplemente hablar. En tales circunstancias se forma un aerosol alrededor de los pacientes capaz de contagiar a las personas próximas no inmunizadas o con bajas defensas.

En la actualidad se cree que además, el virus puede transmitirse por las manos, otros contactos personales e, incluso, a través de objetos.

 

Una vez en las vías respiratorias, los virus de la gripe se adhieren a todo el revestimiento de la misma, que es como una especie de “terciopelo, penetrando finalmente en las  células que lo constituyen. De esta forma se multiplican y van invadiendo todo el árbol respiratorio. Sin embargo, los virus predominan en las vías respiratorias altas (nasofaringe) y en las intermedias (tráquea) siendo a las que más lesionan. Las vías respiratorias bajas como la zona bronquiolar o alveolar se ven por lo general poco afectadas, salvo en los casos graves.

 

La gravedad de la infección parece correlacionarse bien con la cantidad de virus que se elimina con las secreciones respiratorias.

 

Cuadro clínico.

Existen casos de gripe sulbclínicos y otros sólo con febrículas que no interfieren o apenas lo hacen en las actividades del paciente. Estos cuadros gripales muy benignos serían producidos por el virus C.

 

Las gripes producidas por los virus A y B prácticamente no presentan diferencias.

Las manifestaciones más habituales son las siguientes. Tras un corto período de incubación de 18 a 36 horas, la enfermedad comienza con fiebre elevada (39- 40º C) acompañada de notable sensación de destemplanza o escalofríos. El paciente refiere dolor de cabeza que alivia o desaparece cuando remite la fiebre. También encontramos un típico dolor retrocular (detrás de los ojos) que se pone de manifiesto con los movimientos laterales de la mirada.

Aparecen mialgias (dolores musculares) bastantes llamativas en las extremidades, sobre todo en las pantorrillas y en la región lumbar. Las mialgias abdominales podrían, en algún caso, sugerir la existencia de un proceso abdominal.

Otros elementos que encontramos son las artralgias (dolores en las articulaciones); el paciente se siente muy postrado, inmóvil por el dolor, con las fascies (aspecto de la cara)

congestionada y la piel caliente y seca. También se constatan manifestaciones catarrales de las vías respiratorias, tos seca, pertinaz, muy molesta, acompañada de la expulsión de algún pequeño esputo mucoso y tenaz. Además de la tos encontramos obstrucción nasal, estornudos y secreción acuosa profusa que moja varios pañuelos.

El enrojecimiento conjuntival con lagrimeo y el dolor de garganta pueden estar presentes, y la inspección de las fauces (garganta) revela una congestión faríngea.  

En ocasiones el paciente refiere dolorimiento, a veces urente (con mucho ardor) que lo nota al respirar, sobre todo, profundamente.

La fiebre que por lo general tiene una duración de 3 días suele bajar en forma brusca para volver a subir al cabo de 12- 24 horas.

Las complicaciones más frecuentes son la neumonía gripal primaria, las neumonías bacterianas secundarias, las sinusitis y las otitis medias.

Veamos a continuación como el mismo virus produce formas de reaccionar distintas de acuerdo al terreno de la persona que afecta. Y es precisamente en esa individualización que se basa la homeopatía.

Caso 1

Paciente de 30 años que consulta por cuadro gripal con las siguientes características

Fiebre de 38º C, con escalofríos, intenso dolorimiento de los globos oculares con dolores óseos periorbitarios (alrededor de los ojos); sed intensa de agua fría que cesa cuando transpira. Dolorimiento en los miembros, en los huesos y en los músculos, como si lo hubieran golpeado. Con estos síntomas indiqué Eupatorium 30, tomar 5 glóbulos cada 2 horas respetando las horas de sueño. Al cabo de 48 horas el cuadro remitió por completo.

Caso 2

Paciente 18 años consulta por cuadro gripal con fiebre de 40º C, desea estar solo y que lo dejen tranquilo durante la fiebre; con gran postración y debilidad, cansancio, pesadez general y en los miembros, con ausencia de sed. Gripe de comienzo lento, le cuesta mucho abrir los ojos o mantenerlos abiertos. Escalofríos que comienzan en los pies y las manos y suben y bajan por la espalda. Se indicó en este caso Gelsemium 30 de la misma forma que el caso anterior remitiendo el estado del paciente al cabo de 24 horas.

Como se puede constatar en estos ejemplos, el cuadro infeccioso es producido por el mismo virus, pero la forma de reaccionar es peculiar de cada persona. Es precisamente en ello en que se basa la homeopatía y es esto lo que la convierte en medicina de la persona.

No se puede negar la eficacia y la rápida curación de la homeopatía en diversos cuadros infecciosos y la gripe o influenza no escapa a ello. Con esta terapéutica logramos un notable aumento de la inmunidad (defensas) de las personas cualquiera sea el virus causante del cuadro clínico.