LA LEY DE CURACIÓN         

                                                     Dr. Tomas Pablo Paschero     (1904 – 1982)

 

Para comprender qué es lo que la Homeopatía sostiene como concepto de curación, es necesaria una revisión del problema de la enfermedad del hombre.

El espíritu analítico científico experimental que predomina en la medicina moderna ha conducido a cometer dos grandes errores, erigidos en postulados, que desgraciadamente determinó la impronta formativa de la generalidad de los médicos actuales.

El primer error es creer que la enfermedad es un fenómeno patológico localizado en un órgano, un sistema o un tejido del organismo y que a ello se debe la etiología del proceso mórbido, corrigiendo lo cual en su disfunción o extirpando el órgano o parte afectada, el enfermo debe curarse.

El segundo error es la limitación en el tiempo de procesos fisiopatológicos locales o generales aislados, independientes y autónomos que se suceden en la biopatografía del sujeto sin conexión o continuidad vital alguna entre ellos, como si fueran entidades clínicas específicas y por ende, enfermedades distintas.

Estos dos errores fundamentales han llevado al médico a un extremo obsesivo y dogmático en la búsqueda de un diagnóstico analítico, con la consiguiente atrofia en su capacidad de síntesis, que le permita concebir al enfermo en su totalidad tanto en el espacio como en el tiempo y comprender que la patología orgánica es la derivación local, de un proceso mórbido que abarca al individuo entero, el cual constituye el trasfondo dinámico único de todas las entidades nosográficas registradas en su vida total.

No existe ninguna dificultad para el médico observador, el comprender que la vida está regida por un principio de unidad sintética que coordina y organiza todas las partes del organismo, en una sinergia funcional perfectamente correlacionada entre los elementos histológicos, humorales, hormonales y psíquicos del individuo, en forma tal que no es posible segregar vitalmente ninguna parte del conjunto. Si bien cada átomo, cada molécula, cada célula o cada órgano del cuerpo, mantiene en su forma y función una cierta autonomía como unidades analíticas, con propiedades específicas cada una de ellas, el sentido de su existencia esta dado por el agrupamiento, la concurrencia, la organización colectiva, la subordinación recíproca, que determina la realización de una unidad sintética. La persona humana se constituye por este principio de ordenamiento o unidad sintética puesto en vigencia por la función del sistema nervioso, que específicamente es el sistema centralizador de la organización vital.

Todo aparece como que la correspondencia entre el todo y las partes, la coordinación económica y el plan de conjunto que condiciona el organismo humano para un destino personal, depende del sistema nervioso pero, es necesario reconocer que la función coordinadora se ejerce en células libres, como los fagotitos, que no tienen conexión anatómica con el sistema nerviosos, por lo que se deduce que el plan coordinador de la sinergia psicofísica rebasa la función del sistema nervioso y aún de la actividad hormonal o de cualquier substratun anatómico, para establecerlo, directamente, por inducción, la misma fuerza vital, que no es sino una expresión de la energía cósmica.

La separación de lo psicológico como expresión del sistema nervioso es hoy ya inaceptable. Todo lo psicológico es biológico y todo lo biológico es psicológico.

La energía vital con su entelequia o sentido psicológico de la vida, está presente en cada átomo, en cada célula, en cada órgano de cada persona.

Cuando esta función dinámica se perturba en su plan de coordinador, como consecuencia a su vez de la perturbación del plan adaptativo del individuo con el mundo, se produce una disnergia funcional que trastorna el equilibrio económico de la energía vital entre los órganos, quiebra la homeostasis de los humores y determina un estado de enfermedad.

Las entidades anatomoclínicas que aparecen después no son más que las localizaciones parciales o focalizaciones en emunctorios (lugares de expulsión de la energía mórbida) de los detritus metabólicos resultantes de la disfunción sinérgica o plan coordinador del individuo como una totalidad sintética.

Este estado primogénito de enfermedad total, esta alteración dinámica de la energía vital en su plan de organización y armonización entre las partes del individuo y del individuo con el cosmos, este desequilibrio puramente funcional del individuo como persona, engendró muchas teorías sobre la constitución, la discrasia, la diatesis (terreno) o el temperamento, sin que ninguna de ellas haya logrado develar el misterio de la disposición interna de terreno o la tendencia a determinadas afecciones patológicas. La doctrina hipocrática de los cuatro temperamentos: linfático, sanguíneo, bilioso y nervioso; el Hermetismo con Paracelso y la correlación del macrocosmos con el microcosmos; la enfermedad del colágeno o mesénquima; los trastornos cortico-surrenales de Seyle según el eje hipófico-córtico-surrenal; las teorías corticosomáticas de Pavlov con los reflejos condicionados; la escuela psicosomática con Alexander a la cabeza; los arquetipos planetarios de Vannier en Homeopatía, las constituciones carbónica, fosfórica y fluórica de Bernard, también en Homeopatía y la de muchos otros autores, han querido llevar el concepto clínico de la enfermedad desde los detalles analíticos, sintomáticos u orgánicos a la unidad sintética, a la percepción del conjunto o panorama general que permita entender el trastorno dinámico funcional que precede y provoca la lesión orgánica. Todos ellos fueron atisbos geniales aunque parciales de este magno problema de la disposición constitucional que precede a la patología, pero por falta de una solución pragmática o de una terapéutica que tuviera acceso a esa perturbación dinámica que usuraba y comprometía al individuo entero, desde su personalidad caracterológica hasta la última célula de su economía, hizo que los médicos se plegaran a la necesidad de analizar, clasificar, definir y diagnosticar lesiones anatómicas y estructuras patológicas con un criterio científico exclusivamente ponderativo, matemático, mensurable y materialista, olvidando el carácter sintético que debe regir indefectiblemente el estudio diferencial de la ciencia, sobre todo de la medicina humana.

Importa esencialmente la escrutación del hombre como ser esencialmente metafísico espiritual, que no está identificado con su organismo sino que tiene un organismo o una estructura adecuada a sus fines personales, siempre determinada a la realización de los valores esenciales de la vida.

La falta de una visión integral y total del enfermo hizo que se desarrollara un verdadero virtuosismo en el diagnóstico analítico y se construyera una portentosa nosografía patológica en la que se describen clínicas como: enfermedades de los riñones, del corazón, de los pulmones, del aparato digestivo o de las arterias, como si los órganos pudieran estar afectados sin que el resto de la economía no participara en su totalidad, del mismo proceso mórbido y como, si estas entidades clínicas fueran enfermedades distintas, desconectadas por lo tanto, como si fueran accidentes fortuitos, no sólo desconectados del contexto general del organismo, sino de la vida entera del enfermo como persona humana.

A la medicina analítico patológica le cuesta aceptar que la localización mórbida manifestada, no es la enfermedad; que la aparición de una enfermedad aguda implica siempre una larga incubación; que existe ya clásico el concepto del estado pretuberculoso y precanceroso; que los homeópatas fueron los primeros en describir que las enfermedades infecciosas no aparecen por el ataque de un germen o virus, los cuales pululan impunemente en forma saprofita en todos los rincones del cuerpo, sino cuando se han dado las condiciones internas que hacen necesaria una crisis enmuctorial (salidas naturales de la energía mórbida) y que, (como ya se está insinuando en el consenso general de los clínicos) el germen no es la causa sino el resultado de la enfermedad, de la perturbación vital latente que constituye al individuo.

El desconocimiento de los síntomas de esta disposición vital latente, a la que Hahnemann llamó miasmas, hace que el patólogo se encuentre incapacitado para abordarlos terapéuticamente y se dedique a medicarlos localmente tratando de suprimir las manifestaciones patológicas. Como no puede vincular la lesión con la verdadera causa, termina considerando que la lesión es un fenómeno patológico desprovisto de sentido y trata de eliminarla como si fuera algo extraño a la vida, algo que se opone a la fisiología normal, algo que es necesario suprimir, como se extirpa un tumor, un órgano afectado, una úlcera, una erupción de la piel o se coarta el mecanismo de una función orgánica, como si cada síntoma patológico

no fuera la intensificación del proceso normal correspondiente, como si toda la patología no fuera lo que realmente es: la intensificación del proceso vital para fijar, materializar y resolver un desequilibrio de la fuerza vital.

La experiencia demuestra, inexorablemente, que la supresión de la lesión o la corrección de un mecanismo parcial del proceso mórbido, determina la aparición de metástasis en otro sector bajo formas distintas, con otro cuadro de enfermedad como son, por ejemplo, el asma después de una operación de amígdalas o la supresión del eczema; las neumopatías que siguen a las afecciones eruptivas suprimidas, la encefalitis, nefritis o hepatitis después de vacunaciones y supresiones intempestivas de procesos agudos; las cardiopatías que siguen a las supresiones de las artropatías reumáticas y, lo que es más grave por constituir un problema de gran trascendencia todavía no ha concientizado en la medicina alopática son las metástasis mentales, desde las neuróticas fóbicas hasta las psicosis irreversibles, producidas por la supresión de manifestaciones somáticas.

Con una concepción mecanisista, sobre la base de una indagación fisicoquímica de los cambios humorales, no se puede comprender el sentido de fenómenos de sustitución mórbida con manifestaciones tan distintas como son la transformación de un eczema en asma o una neurosis de angustia en úlcera de estómago. No existe aparentemente una correlación fisiológica explicable y sólo se comprenden estos pasos, si se reconoce que la energía vital ordenadora de la economía interna, actúa bajo la misma ley que rige la conservación de la energía cósmica en todos sus aspectos, tanto telúricos como vitales, fijando y derivando por inducción el proceso vital del centro a la periferia, como ocurre en el, átomo y en las estrellas.

Los movimientos de la energía del ser humano como unidad vital, están regidos por las mismas leyes que rigen la actividad de la energía en todas las unidades estructurales de la creación.

A esto se llama ley de curación que no es más que un subrogado de la ley universal de la conservación de la energía. La via medicatrix hipocrática que preserva el equilibrio psíquico homeostático del organismo es una corriente eferente de energía que, emergiendo del primogénito instinto de vida, la voluntad de amor, de integración al mundo, deriva al aparato muscular, hacia la superficie, esa voluntad de realización, como los electrones en el átomo. Toda vez que esta corriente excentrica sea interferida, se produce un bloqueo de la energía en un órgano o sector de la economía y se desarrolla la lesión patológica. El individuo tiene entonces una enfermedad aparente, una manifestación física, en última significación una pérdida de la libertad, una interferencia de la vis medicatrix, (impulso natural de curación)que rige la actividad vital, tanto en el esfuerzo de adaptación al mundo, como en la claudicación crítica aguda del equilibrio interno.

La restauración de la corriente eferente en su libre tránsito a la superficie, de la mente a la acción muscular, del centro del organismo a los enmuctorios (vías de salida), es el desidiratum fundamental de la medicina, es la vigencia de la ley de curación para que el hombre pueda, como dice Hahnemann, resumir la libertad interna y realizar los altos fines de su existencia. Todo lo que terapéuticamente se haga para resolver un problema patológico local, sin comprender el sentido que esta localización tiene en el designio de la vida total del sujeto, en el destino psicobiológico de su personalidad profunda, es una supresión, es una interferencia al esfuerzo de la fuerza vital en su actividad curativa.

Hahnemann llamó psora latente o susceptibilidad mórbida fundamental a estaperturbación de la fuerza vital, que implica una ruptura del equilibrio interno y su correlato, la desarmónica relación con el mundo externo.

El medicamento homeopático estimula la fuerza vital para restaurar la vis medicatrix bajo la égida de la ley de curación, es decir solucionando la perturbación Psórica, pero siempre que sea el simillimum del caso, el que satisfaga la susceptibilidad psórica y por ende la perturbación profunda de la voluntad del sujeto, allí donde radica la disritmia vital que distorsionó su desarrollo adaptativo a la realidad

Fuera del simillimum homeopático al caso particular, no existe en medicina ninguna terapéutica racional que acceda al centro mismo del proceso mórbido.

Cuara tiene la significación de rectificar la vis medicatrix en su dinámica vibratoria y conseguir en el enfermo el estado de ecuanimidad o ataraxia emocional que le permite cumplir su destino de trascendencia en el bien, la verdad y la belleza, atributos esenciales de la vida.

Suprimir síntomas o manifestaciones locales con productos químicos o remedios de homeopaticidad parcial, sin haber comprendido lo que en ese enfermo hay que curar realmente, significa una transgresión médica que todo homeópata conciente debe tratar de obviar en todo momento y sin disculpa alguna.

Por encima del diagnóstico patológico, la consulta homeopática debe permitir diagnosticar el sujeto mismo del enfermo, con su temperamento, su carácter, estado de ánimo y disposición constitucional a traves de un conocimiento exhaustivo de su biografía afectiva, sus vicisitudes infantiles y adolescentes, su vida de relación actual y su comportamiento tanto psíquico como biológico en el aspecto telúrico emocional.

Los síntomas psíquicos característicos y los síntomas generales físicos, que son derivados del estadopsíquico, darán la pauta para determinar un cuadro repertorizable que definirá el simillimum.

En el curso del tratamiento, la pauta de la curación del enfermo será dada sola y únicamente por la movilización de ese núcleo psíquico mental, en el sentido de un cambio positivote ánimo y conducta, junto a la reedición, en la mayoría de los casos, de síntomas somáticos latentes. Si este síndrome mental no ha sido removido, si el enfermo continúa con resentimientos, angustias, temores y un comportamiento anormal en su vida afectiva o cualquier otra anomalía de carácter y ánimo, a pesar de que tenga mejoría en su enfermedad local, por la cual acudió a la consulta, la curación no se producirá.

Médico y enfermo deben tomar plena conciencia de este principio fundamental del proceso de curación, que implica de parte del médico, un enfoque clínico del enfermo como una totalidad anímico-corporal, para saber lo que hay que curar en él, y de parte del enfermo una aceptación de su responsabilidad para rectificar su vida moral, de acuerdo a la ley natural, que rige tanto la adaptación a la vida, como la curación.

 

 
EL SER DE UN HOMBRE

 Dr. James Tyler Kent

 

La verdad es una espada de doble filo.

La información que puede ser usada para bien de la humanidad, puede también ser usada para fines egoístas. En el primer caso eleva a quien la usa; en el último lo destruye. Vemos la evidencia de esto en toda profesión, en toda tarea, en el artista, en el médico, el abogado, el comerciante y el político. Tenemos que estudiar sólo las facies para convencernos.

 

La facie del médico homeópata que ha usado la gran verdad homeopática para el bien del hombre tiene una expresión benigna, mientras que el que ha contado primero cuanto le traerá la homeopatía a su billetera, tiene una facie taimada, de la cual los niños huyen. Ambos sonríen si tienen éxito; pero en el fracaso, veremos de modo acentuado, dos tipos de expresión. Uno revelará paciencia y el otro profundas líneas de desengaño y odio.

Es importante conocer, cómo es que esta verdad puede volverse una fuerza que cambia la facie del hombre. La verdad es tan poderosa que elevará a quien la usa para el bien del hombre y degradará a quien la usa por su beneficio. Acarrea consigo una penalidad si se la falsifica o se la usa con propósitos impropios.

Cuando uno atiende a una gran verdad, se dice a sí mismo que debería ser conocida por el mundo, o que puede ser usada para incrementar el bienestar.

La verdad primero se registra en la memoria y puede no llegar más lejos y pronto perderse, o puede ser admitida dentro del entendimiento y fluir dentro de la voluntad y luego dentro de la vida.

Este es el curso aplicado por la Divina Providencia cada vez que le da la verdad al hombre.

Es así como éste la usa para el bien común y no para sí mismo.

Cada vez que el hombre la pervierte se destruye a sí mismo, pero cuando lleva a cabo el propósito de la verdad, se vuelve sabio.

La máxima aspiración del hombre es volverse sabio y la única manera de lograr sabiduría, es hacer el bien para los demás.

La verdad entra primero en la mente por la vía de la memoria. Es inspeccionada por el entendimiento y este establece si es verdad, falsedad o detrimento. Si es aprobada el entendimiento la admite en la cámara media, donde es atesorada para su uso.

Cuando la verdad homeopática es así admitida, el artista en curar, espera una oportunidad para confirmarla. Finalmente el paciente viene y la verdad es puesta de manifiesto, la ley y la doctrina acumulada es requerida, usada y confirmada como verdad. El paciente se recobra y agradece a su médico. El médico se deleita y sonríe. Muestra sobre su facie sus sentimientos más profundos y se dice: Bendito sea Dios, Bendito sea Hahnemann.

Entonces es que tal verdad pasa del entendimiento a la voluntad - a los afectos - y se revela sobre el rostro. Ahora la verdad se vuelve viva y puede mantenerse viva mientras el médico continúe usándola. El, siente ahora su vida, la ama, la conoce y la recuerda. Si no la ama y la usa, no se transforma en sabiduría.. Pero cuando la ama, ama usarla y por lo tanto aprende más de ella. Cuanto más la ama, mejor la conoce.

Si alguien conoce la ley, es porque la ama y la obedece. Si es más sabio que otros, es porque la ama más que otros, pero por el hecho del bien que ésta hará a los hombres. Amarla por el bien que puede traerle a uno mismo o amarla por egoísmo, cierra, comprime, contrae y distorsiona el entendimiento y la expresión se vuelve taimada. Cualquier violación de la ley acarrea su propia penalidad.

Tiene un tremendo infortunio quien usa la verdad para glorificarse a sí mismo y enriquecer su billetera.

La verdad hará al hombre miserable o feliz.

El hombre jamás es feliz excepto cuando está trabajando para los demás.

El hombre es de lo más miserable cuando hace lo más para él, y la miseria se muestra en su cara. Mirad al próspero miserable. Quien tiene más es más miserable. El hombre sabio está siempre feliz. El, desarrolla sabiduría mientras ama y es amado mientras adquiere conocimiento.

En la expresión de todos los que viven para el amor de la raza humana hay paz, felicidad y contento.

Cuando el hombre no hace uso de lo que conoce, su entendimiento pronto expulsa esto, hacia la memoria y finalmente la memoria no lo retiene por mucho tiempo más.

En el entendimiento se atesora sólo lo que es amado y usado.

El amor a la verdad por la verdad en sí de lo voluntario, se conjuga con un equivalente de verdad del entendimiento, y ésta es la medida de la sabiduría de cualquier hombre.

El hombre ladino, memoriza hechos, para usarlos cuando tiene ocasión, con el objeto de conseguir remuneración o fama, y se cree astuto en proporción al éxito de su entendimiento. Esto no es sabiduría.

La sabiduría no puede ser reemplazada por el amor a la utilidad.

El amor, la sabiduría y su uso lo hacen a uno; y en la medida que están en la vida de un hombre, hacen al hombre y mientras esté falto de estos, faltará pronto como ser humano.

Esto hace que el hombre exista con la imagen de Dios y cuando él hace que la verdad viva en él, se vuelve realmente Libre.


DOCTRINA

       En el principio fundamental de toda la creación, es la Idea quien dinamiza el movimiento de todo lo creado, desde la actividad de los electrones en la unidad del átomo, como en la de la célula en la correlación armónica de todo el organismo como una totalidad
indivisa. Es la Idea creadora que inspira toda la naturaleza y todas las formas del universo, es indivisa. Esa idea creadora es idéntica a la energía vital o voluntad suprema que rige todo lo creado en
transformación constante de todas las cosas en perpetuo movimiento y jamás en reposo.
           En el ser humano esta idea creadora o voluntad absoluta se hace conciente y en eso consiste el crecimiento, desarrollo, evolución, madurez o realización del hombre y la verdadera salud; en la concientización de ese principio dinámico que vive en él y que lo une a los demás bajo la ley de la identificación con el todo. Es decir, el hombre se da cuenta de que el yo no es solamente un yo marginal, algo aparte, sino que es un centro dinámico, el punto de partida de todo lo que constituye su existencia concreta; un núcleo que se irradia y del que salen las líneas centrífugas que son actualizaciones, sus manifestaciones. Y este conjunto de manifestaciones son la trama con la que se hace su existencia. Si no hay centro, si no hay un punto de partida, no hay experiencia posible, no hay solución al problema del miedo, el problema de creer en la realidad de la enfermedad como algo inevitable, ni hay solución para el sentimiento de culpabilidad, la angustia de abandono, etc., es decir, toda la gama de lo mental y lo físico. Toda solución ha de consistir en abrirse y crecer en la conciencia que uno tiene de sí mismo hasta llegar a descubrir la propia identidad.
       Cuando mediante una acción externa se hacen "desaparecer" los síntomas, pero no se cura el nivel de conciencia, el paciente no asume una actitud acorde con ese nivel de conciencia que lo une a la Humanidad y a la naturaleza en la plenitud de la vida, la enfermedad vuelve una y otra vez en la misma o diferente forma. La enfermedad no es una causa, sino tan sólo un efecto.
Y no podemos actuar sobre los efectos, porque no tiene sentido
. 

 

Dr. T. P. Paschero

(1904 -1982)       

    

GÉNESIS Y SENTIDO DE LOS SÍNTOMAS

En su verdadera esencia todo el proceso de la enfermedad crónica consiste en un prolongado esfuerzo de adaptación. La necesidad de adaptarse al medio ambiente cósmico - social, hace que el individuo reaccione con todo su ser psicofísico a las influencias, presiones y exigencias de la realidad externa, tratando de establecer un ajuste entre sus condiciones anatómicas, estructurales, fisiológicas y mentales con las condiciones climáticas, alimentarias, familiares y sociales del mundo en el cual está inserto como una célula viva en un vasto organismo.

El ser humano, como toda entidad vital de la naturaleza, no es un ente autónomo y separado de su circunstancia, sino una unidad orgánica dotada de conciencia, que reacciona como una totalidad, a cualquiera de las situaciones de la vida..

No es una mera adaptación del organismo como suma de partes, órganos y funciones, sino una respuesta total del cuerpo y de la mente, de la fisiología y del espíritu que componen a la persona humana, en interrelación dinámica, permanente y constante con el medio y el prójimo.

Si el ser humano fuera un ser instintivo vegetal o animal, la adaptación con el medio natural sería automática y pasiva como sucede en las plantas y los animales, que se rigen por tropismos, reflejos e instintos. Pero la entidad humana es un organismo dotado de razón y capaz de emocionarse por puras representaciones ideativas, por lo cual su adaptación al ambiente adquiere un carácter especial entre los fenómenos naturales que lo hacen un todo en proceso de adaptación intencionada con su circunstancia.

Esto hace que el individuo, unidad biológica indivisible, reaccione como una totalidad psicobiológica  determinando los síntomas que expresan  dicha reacción en función del todo orgánico.

Ningún órgano reacciona como una función segregada del organismo sino en concordancia armónica y solidaria con todo el  individuo, pero los síntomas que el órgano destaca como de su particular reacción serán síntomas fisiológicos o locales que integrarán el cuadro general. Los síntomas que expresan la respuesta integral del ser a los estímulos, son los que corresponden a la función coordinadora y totalizadora del individuo, la  mente; función que no corresponde a un órgano limitado sino al individuo entero y por ende, inseparable del cuerpo.

La mente, el alma, el espíritu no son entidades separadas del cuerpo, sino funciones del cuerpo.

Los síntomas mentales son la reacción psicobiológica que expresan la respuesta integral del individuo.

Cuando una persona dice que está ansiosa, lo está con todo su organismo, lo mismo cuando padece frío o tiene una enfermedad aguda. No dice que está triste, ansioso o friolento o enfermo con sólo un órgano o parte de su organismo, sino con todo él, como persona que reacciona vitalmente en su totalidad para hallar su propia fórmula de adaptación a las condiciones de la vida.

Toda actividad biológica tiene su componente psíquico y viceversa, pero nunca son expresiones de reacciones separadas e independientes. Es la misma fuerza vital en sus distintos  pero no diferentes planos vegetativos y anímicos que, en una gradación de integración psicofísica,  puede llegar a la realización de los más altos valores espirituales.

 

EL ENFERMO

Doctor James Tyler Kent ( 1849 - 1916 )

La Homeopatía afirma que hay principios que rigen y gobiernan la práctica de la Medicina. La antigua escuela (alopatía) niega que los hay. Ella se ocupa solamente de los resultados últimos de la enfermedad. No conoce la verdadera naturaleza del hombre, qué es el hombre en realidad, de donde procede, cual es su cualidad, ya sea en estado de salud o enfermedad. Al hablar del hombre sólo se entretiene en sus tejidos. Los cambios orgánicos son para la alopatía el principio y el fin de la enfermedad y estos cambios son para ella toda la enfermedad. Proclama que la enfermedad existe sin una causa. No admite sino lo que revelan sus sentidos; lo que palpa con sus dedos y ve con sus ojos, solos o ayudados por instrumentos. El microscopio alarga sus dedos, refina su tacto y los resultados patológicos que el cristal de aumento o las altas tecnologías, ponen en evidencia, son considerados como el princip! io y el fin de la enfermedad, como resultado sin antecedentes, como hechos materiales sin causa inmaterial. Tal es el sumario de las enseñanzas alopáticas en lo que se refiere a la naturaleza de las enfermedades.

La Homeopatía percibe, se da cuenta de que algo hay que antecede a los resultados. Toda ciencia enseña y toda investigación de carácter científico prueba, que cada cosa que existe debe su existencia a algo anterior a ella. Sólo por este camino podemos ligar el efecto a la causa, formando una serie que va desde el principio al fin y vuelve desde el fin al principio. Por este medio podemos llegar a comprender este estado de cosas, con completo conocimiento de causa.

La idea que cada persona tenga de la palabra enfermo, será diferente de la que tenga otra, pues todo lo que cae bajo el dominio de las opiniones humanas, su sentido variará frecuentemente. La alopatía se basa en la opinión individual y el alópata sostiene que la ciencia médica reposa sobre la suma total de las opiniones humanas y este, es un fundamento indigno e inestable para la ciencia de curar a un enfermo. Nunca podrán establecer un sistema racional terapéutico hasta que no se fundamenten en hechos, y no en apreciaciones. Por esto conviene precaverse de las opiniones humanas en las ciencias.

El mundo está regido por leyes y no por opiniones.

Debemos empezar por el respeto a la ley, pues no tendremos punto de partida si nuestras proposiciones no están asentadas sobre la ley. Por muy largo tiempo que reconozcamos las opiniones de los hombres, permaneceremos en un estado variable, pues hombres e hipótesis son inconstantes. Reconozcamos la autoridad.

El homeópata verdadero, cuando habla del enfermo, sabe lo que es un enfermo, mientras el alópata no sabe nada de ello; piensa que el cuerpo en el cual el hombre vive, cuerpo quebrantado o cayendo en ruinas, encierra o expresa todo lo que en él, hay de enfermo. El homeópata observa cambios maravillosos después de administrar medicamentos dinamizados; entiende que las dosis groseras y masivas no pueden curar y que los cambios que ellas producen sólo son aparentes. La fisiología alopática no tiene vitalismo y por consiguiente no tiene base para levantar su estructura.

La doctrina de la fuerza vital no es admitida por los fisiólogos y por esto, el homeópata deduce que la verdadera fisiología no se enseña todavía, pues sin fuerza vital, sin sustancia simple, sin el interior unido al exterior, no puede haber allí ni la causa, ni la relación de causa efecto.

¿ QUE ENTENDEMOS LOS HOMEÓPATAS POR ENFERMO?

Un hombre enfermo al que hay que restituir su salud y no a su cuerpo, ni a sus tejidos porque el cuerpo y los tejidos curarán cuando se haya curado al hombre; que usa el cuerpo para manifestarse en relación.

Muchos pacientes cuentan que eminentes doctores los han revisado de "pies a cabeza" y nada anormal han encontrado orgánicamente. Sin embargo yo he llenado varias carillas de síntomas. ¿Qué significa esto? Sé bien que si el "estado" del enfermo continúa, "aparecerán" las pruebas evidentes de su enfermedad. ¿Es que todos los síntomas de que se queja el paciente, existen sin tener una causa? ¿No es una falta de sentido afirmar que antes de la localización de la enfermedad no estuviese el sujeto ya enfermo? ¿No es de ver lo absurdo de una ciencia que nunca determina que el sujeto está enfermo si tal o cual de sus órganos o tejidos no está afectado?

Tomad como ejemplo a un niño nervioso. Tiene ensueños, espasmos, un sueño agitado,

Excitación nerviosa, manifestaciones histéricas y no obstante, si examinamos sus órganos, no hallaremos uno que esté afectado. Dejad a los síntomas de este niño seguir su curso durante cinco, diez o más años y entonces veréis sus órganos atacados, lesionados. ¿No es cierto que este niño estaba ya enfermo, desde que lo visteis por primera vez? Estaba enfermo en el principio vital que lo anima. En otras palabras, la fuerza dinámica de su vida está perturbada así en los trastornos funcionales como en los desordenes estructurales de su organismo. Antes que una patología, tenemos una fisiología desarreglada, cuyo origen remonta al principio vital desordenado o perturbado. ¿Hemos pues de considerar en primer lugar a la enfermedad en su efecto o en su causa?

Si tenemos ideas materialistas respecto de las enfermedades, tendremos lógicamente, concepciones materialistas respecto a los medios de curación. Si "creemos" que un órgano enfermo por sí solo constituye la enfermedad, necesariamente "creeremos" que quitando el órgano curaremos al hombre.

Una persona presenta una necrosis en su mano, si se cree que sólo la mano está enferma, se concluirá que amputándola se curara al paciente. Suponed que la mano es cancerosa.. Según esta actitud, si la mano es cancerosa en sí misma y viendo que la muerte del individuo resultaría de la condición de la parte, se procederá a la amputación para salvar al enfermo. Para una erupción cutánea, se emplean medios locales a fin de estimular la piel y traer curación y, creyendo que la erupción no tiene causa más profunda, creeremos haber curado al paciente.

Tal es el reductio ad absurdum, pues nada existe sin causa. Los órganos no son el hombre.

¿Qué es, pues, este hombre enfermo? Los tejidos no se enferman a menos que algo anterior a ellos, algo que los rige, no se hubiese perturbado, volviéndolos enfermos.

El verdadero hombre enfermo, es anterior al cuerpo enfermo


  SÍFILIS

Dr. Samuel Cristian Hahnemann

El segundo miasma crónico más ampliamente difundido, es la enfermedad venérea propiamente dicha, o la enfermedad chancrosa (Sífilis).

El chancro sobreviene ordinariamente después del séptimo al decimocuarto día de efectuado un coito impuro. Rara vez más pronto o más tarde.

Aparece la mayoría de las veces, en el miembro infectado por el miasma. Se manifiesta en la forma de una pequeña vesícula y degenera en una úlcera dura, de bordes elevados acompañada por dolores punzantes y que, cuando no se la trata, permanece toda la vida en el mismo sitio. Así, si no se la suprime, crece de año en año y los síntomas secundarios de la enfermedad venérea, no llegan a estallar.

Para ayudar al enfermo, el médico alópata destruye este chancro, ya que lo considera,

erróneamente, como una úlcera producida de un modo puramente local, es decir, como un simple síntoma local e imagina, erradamente, que en la época de su aparición, nada le muestra una enfermedad venérea interior.

El alópata concluye, desde sus premisas falsas, que destruyendo localmente el chancro, todo lo venéreo ha sido eliminado de raíz. No comprende que los vasos absorbentes han tenido tiempo para conducir las toxinas al interior del organismo, produciendo una infección venérea general. Ignora que la infección total del organismo se ha iniciado desde el primer momento, y que esta labor se ha completado aún antes de la aparición del chancro. Desde su desconocimiento, aniquila localmente el síntoma exterior, que la sabia naturaleza había destinado para reducir a silencio a la gran enfermedad venérea interior.

Obligan de este modo al organismo a reemplazar este síntoma por otro mucho más doloroso, el bubón, que evoluciona rápidamente hacia la supuración y, cuando la alopatía ordinariamente hace desaparecer este nuevo síntoma (el bubón), al organismo no le queda otro recurso que desplegar la enfermedad interior bajo las formas secundarias, mucho más molestas y que hacen aparecer la sífilis crónica; reacción que naturalmente se efectúa con lentitud. Algunas veces tan sólo en el transcurso de algunos meses pero de una manera cierta e infalible.

De esta manera el médico alópata perjudica al enfermo en vez de servirle.

Jean Hunter dice, que no hay una persona entre 15 que escape de la sífilis, cuando se destruye el chancro totalmente y asegura, que la aparición de la sífilis es el resultado constante, de la destrucción local del chancro; aún cuando la destrucción tenga lugar en la forma más rápida posible y en el mismo día de la aparición de la úlcera.

Fabre asegura, con no menos énfasis, que la sífilis se presenta constantemente, después de la destrucción del chancro.

Petit, cortó en una mujer los labios sobre los cuales habían aparecido chancros venéreos, después de dos días la herída curó, pero la sífilis no fue evitada.

¿Cómo puede ser que frente a tantos testimonios a través de tanto tiempo, la alopatía no comprenda que la enfermedad venérea total (la sífilis) está ya desarrollada de un modo completo en el interior del organismo, antes que el chancro haya podido hacer su aparición? Constituye una falta imperdonable, exponer infaliblemente al paciente a las manifestaciones de la sífilis (ya existente), destruyendo el chancro y dejando escapar la oportunidad para curar con facilidad y seguramente (mientras la úlcera existe todavía) con un remedio homeopático.

La enfermedad no puede considerarse curada en tanto el chancro no cure también, haciendo uso de remedios internos (homeopáticos) que curan completamente. Después del remedio único y sin ayuda de ningún tópico local desaparece el chancro y no queda la menor huella de su anterior presencia.

Jamás aparecen otros síntomas de la sífilis mientras el chancro (que nunca desaparece espontáneamente), permanece en su sitio durante años sin haber sido tocado y que por supuesto ha hecho progresos, debido al aumento de la enfermedad interna. Como sucede con cualquier miasma crónico abandonado a sí mismo.

Después que el miasma sifilítico ha impregnado la parte sobre la que hubo frotación, desde ese mismo momento ya no es local, y el sistema nervioso entero, todo el organismo, ha percibido (recibido) su presencia; el miasma lo ha modificado todo.

Límpiese con todo cuidado, lávese con cualquier líquido, córtese aún la parte afectada y, como lo he dicho, todo es demasiado tarde, todo es inutil. A partir del primer momento de la infección, el cambio venéreo se efectúa sin interrupción en el interior del organismo hasta que la sífilis se ha desarrollado por completo. Entonces, y no antes, el cuerpo, saturado del mal interno, provoca el síntoma local característico de esta enfermedad, el chancro y ordinariamente lo hace aparecer sobre el punto en que fue infectado.

La curación de la enfermedad es más fácil y más pronta cuando el chancro o bubón no ha sido suprimido y existe sin modificaciones, porque en ese estado de cosas se puede decir con razón, que ningún padecimiento crónico proveniente de un miasma, es más facil de curar que este.

Cuando el chancro o bubón está presente, en ese primer estado, es suficiente una sola pequeña dosis de preparación homeopática mercurial, para curar radicalmente, en un corto tiempo de 15 días toda la sífilis incluyendo su expresión local. Algunos días después de tomar la dosis, el chancro, sin ningún tópico, se convierte en una úlcera de carácter benigno, que segrega una loable cantidad de pus y cura por sí mismo. Esto prueba que el mal venéreo ha sido removido en el interior del organismo.

La curación tiene lugar sin que queda la menor cicatriz y sin que, en el sitio donde radicó tenga un color diferente al de los tejidos sanos. A diferencia de que, cuando el chancro ha sido suprimido por medios alopáticos, en el mismo sitio se muestra el indicio cierto de la no extinción de la sífilis interna, al observarse una cicatriz lívida, roja o azulosa.

Cuando la curación se produce homeopáticamente, la piel estará bien unida y tendrá el mismo tinte que en otras partes del cuerpo.

( En un próximo artículo del Dr. James Tyler Kent, se verá el tratamiento homeopático actuando sobre las manifestaciones secundarias, aún después de ser suprimido el chancro o el bubón )



Los virus y las bacterias no son la causa de enfermedades

Dr. James Tyler Kent

 

"La tisis es un estado tuberculoso de los pulmones que es tan sólo el resultado de un desorden interior, el cual obraba mucho antes de la degradación del tejido".

Los médicos alópatas dirán que la causa de la tuberculosis es un bacilo pero, si el hombre no fuera susceptible al bacilo no habría podido ser afectado por este.

En realidad los tubérculos vienen primero y el bacilo es secundario. No se ha encontrado nunca el bacilo antes del tubérculo, sino que sigue a este.

La causa del depósito tuberculoso está en la Psora, en el miasma crónico, en el terreno, en la predisposición. Los bacilos no son la causa de la enfermedad y nunca aparecen sino después de esta.

Los alópatas toman verdaderamente la secuencia, como consecuencia y esto los conduce a la falsa "teoría" bacteriana. Se puede destruir la bacteria y sin embargo, no destruir la enfermedad. (leer en Noticias: "Tuberculosis".) La predisposición continua siendo la misma y sólo los que son susceptibles contraerán la enfermedad.

La bacteria tiene una utilidad, pues nada en el mundo carece de utilidad, pero nada se ha enviado a la Tierra para destruir al hombre.

La teoría bacteriana traería consigo la idea de que el Creador ha puesto estos microorganismos para enfermar al hombre.

Hahenemann no aceptó la teoría bacteriológica.

Sabemos que una herida durante una disección es muy grave si el cuerpo que se diseca ha muerto recientemente, y suponemos que se debe a alguna bacteria de poder misterioso capaz de establecer un envenenamiento erisipelatoso tan terrible que entraría en la sangre y provocaría una especie de septicemia.

En realidad, poco después de la muerte tenemos un veneno, la ptomaína, el veneno del cuerpo muerto, que es un alcaloide, pero aún ahí, no descubrimos la presencia de bacterias. El veneno está allí, y si alguien se pincha disecando un cuerpo y no cuida la herida, puede contraer una enfermedad grave y morir. Pero, si después de que el cadáver ha permanecido allí algún tiempo y se ha infestado de bacterias y el disector se pincha, la herida no será peligrosa. Cuanto más bacterias haya, menos veneno.

Una evacuación tifoidea, cuando pasa primeramente por los intestinos, contiene muy pocas bacterias y sin embargo es muy venenosa; pero en cuanto permanece allí hasta que se pone negra de bacterias es comparativamente benigna.

La susceptibilidad, predisposición, es anterior a todo contagio. Si un individuo no es susceptible a una enfermedad, no la adquiere.


 

  LA CURACIÓN

Dr. S. Hahnemann

"Ahora, como en la curación efectuada por la eliminación de todos los signos y síntomas perceptibles de la enfermedad, la alteración interna de la fuerza vital (a la cual es debida la enfermedad) está extinguida, se extingue la enfermedad entera. Cuando la enfermedad desaparece la salud está restablecida, y esta es la más alta y única aspiración del médico que conoce la verdadera finalidad de su misión, la cual no consiste en charlar con sonoras palabras, sino en curar a su enfermo.

 

Diseño: Abacusbbs®