ENFERMEDAD DE PARKINSON
Dr Carlos A. Distilo
Profesor Titular de la Universidad Maimonides
En el año 1817 James Parkinson la describió como un complejo sintomático que asocia temblor, acinesia o aquinesia (pérdida del movimiento voluntario sin parálisis) y rigidez.
Se debe a una deficiencia de dopamina en el cuerpo estriado ubicado en lo profundo del cerebro y que resulta de una degeneración neuronal que afecta las zonas más importantes productoras de estas catecolaminas.
La tasa de incidencia sobrepasa los 100 casos por 100.000 habitantes, puede tener predisposición hereditaria y se observa en la segunda mitad de la vida con una ligera predominancia en el hombre.
CLINICA
El comienzo, es por lo general, impreciso e insidioso. Dolores que se pueden confundir como originados por procesos artrósicos, cuadros depresivos, constipación, dermatitis seborreica, etc.
El síntoma inicial es el temblor de reposo y es característico del 70 % de los pacientes que presentan esta enfermedad.
El temblor tiene como características una frecuencia de 4- 8 ciclos por segundo, es relativamente amplio y se inicia en la parte distal de las extremidades o miembros (la más lejana al centro del cuerpo) y puede estar limitado a un solo lado antes de hacerse bilateral inclusive al cabo de años. Se puede detectar a simple vista y el paciente adopta una actitud como de “contar dinero” con sus manos, pues el temblor es particularmente acentuado en los dedos pulgares e índices.
El temblor puede propagarse a todo el cuerpo y es frecuente verlo en la cara, en los labios y en el mentón. El temblor de cabeza y lengua es menos común.
Este temblor al principio causa una leve molestia e incapacidad, pero con el transcurso del tiempo, la enfermedad progresa y aparecen rigidez (dificultad para realizar movimientos de rotación y flexoextensión) y bradicinesia o bradiquinesia (retardo en la iniciación de un movimiento voluntario, lentitud o inhibición involuntaria durante el curso del mismo).
El examen clínico constata estos síntomas y signos con facilidad. Además el paciente presenta una amimia (falta de juego expresivo facial) y bradilalia (palabra lenta) características, apareciendo una acinesia o aquinesia franca. Hay falta de balanceo en la amplitud del movimiento de los brazos durante la marcha, que se realiza, por otra parte, a pequeños pasos y a veces con festinación (tendencia involuntaria a acelerar la marcha).
Pueden sufrir frecuentes caídas por alteración de los reflejos posturales.
La enfermedad continúa su evolución hasta que, al cabo de varios años, el individuo entra en un estado de gran postración e invalidez, confinado al lecho.
En un porcentaje pequeño de pacientes no se manifiesta temblor y el primer síntoma está constituido por la torpeza o dificultad en la realización de movimientos alternativos de pronosupinación o adiadococinesia (pérdida de la facultad de realizar con rapidez movimientos opuestos) debida a la rigidez simultánea de los músculos agonistas y antagonistas cuya armonía esta por supuesto quebrada. La escritura puede tornarse ilegible y pequeña (micrografía).
Otros signos presentes son la actitud en flexión del tronco, del antebrazo sobre el brazo y de las rodillas, trastornos vegetativos (seborrea, diaforesis o transpiración profusa, rubicundez facial, sensación de calor).
Como dije anteriormente el examen clínico es muy rico en signos y síntomas que no detallo con el objeto de poder llegar con claridad a los lectores no médicos. Pero sí me gustaría aclarar que en esta enfermedad tan invalidante la homeopatía puede ayudar y complementar el tratamiento habitual que efectúa el neurólogo, logrando en no pocas veces un requerimiento menor de medicación alopática para alcanzar los mismos objetivos.
Hace 2 años me consulta una señora del interior del país, por esta enfermedad, pero en sus comienzos. La mujer de unos 75 años sólo presentaba rigidez y cierto temblor en la cara alrededor de los labios. El examen clínico demostró varios de los signos propios de esta enfermedad (rigidez, signo de la rueda dentada en miembros superiores e inferiores, cierta amimia, etc.) Hablé con ella y con su hija y le adelanté de las dificultades que se presentan en esta enfermedad e inicié el tratamiento sólo con medicación homeopática ante la negativa de la paciente a recibir medicación química.
La sorpresa fue cuando la volví a ver al cabo de 2 meses. El cuadro se había estabilizado y su humor estaba muy bien. Sólo esto hizo que siguiera concurriendo a sus controles pese a vivir a casi 400 km. de Buenos Aires.
Durante su tratamiento homeopático tuvo la desgracia de perder a su esposo, el compañero de toda su vida. Eso me preocupó mucho por lo que sabemos lo que estas pérdidas significan y sobre todo a esa altura de la vida Gracias a Dios la homeopatía volvió a ayudarla a elaborar el duelo y a que su enfermedad no progresara.
Sinceramente no sé cuánto más podremos lograr con ella pero sí creo que estamos cumpliendo con los preceptos establecidos por el creador de la Homeopatía Dr. Samuel Hahnemann.