NEFROSIS
Dr. Nestor Horacio Bonomi
A principios de 1967 atiendo un grave caso de nefrosis.
Se trata de una mujer joven, de 27 años, casada y con un hijo de cuatro años.
Se presenta a la consulta con un cuadro de edema generalizado, de tal intensidad
en todo su cuerpo, que daba la impresión de una persona obesa. Sus ojos habían
desaparecido tras los párpados hinchados, presentando sólo una línea de oclusión
como una simple raya horizontal.
Por lo que veremos más adelante, es otra víctima de la Iatrogenia (daño
producido medicinalmente)
La paciente a la que me refiero es la señora L.C., que padece asma desde los 3
años de edad. Sufrió parotiditis epidémica a los ocho años, a esa edad se le
extirparon las amígdalas y a los 9 tuvo difteria. Menarca a los 14 años.
A los 23 le hicieron cesárea por "placenta previa".
La infiltración edematosa total corresponde al cuadro que se denomina
"anasarca".
La anuria en que se encuentra la ha llevado al estado de uremia.
El estudio de orina que se practicó en el comienzo de su enfermedad, daba
intensa albuminuria, cilindros granulosos, hematíes y abundantes leucocitos.
Presenta notable disnea y está somnolienta. Carece de apetito y está muy molesta
por sus náuseas. La han tratado con corticoides y antibióticos a los que se
deben añadir antipruroginosos, antiasmáticos, antidiarreicos, antinauseosos,
antiedematosos o diuréticos, antiálgicos y uno que otro "anti" más.
Esta señora, de una localidad cercana, llegó hasta la ciudad de Santa Fé por su
problema de asma y los médicos hicieron con ella, una broncografía "más".
Que fue la causa de este desastre.
Especialistas del Instituto de Nefrología que la atendieron en Bs. As. a pedido
de los médicos de Santa Fé, la enviaron de vuelta a su provincia con una carta
para sus médicos, donde dan muestra de indignación por el estudio que le
realizaron con aceites yodados y, dado la gravedad de la mujer, advertían de su
próximo deceso.
En estas condiciones recibo a la enferma, prototipo del desastre provocado por
ciertas prácticas que utilizan temerarios elementos de diagnóstico, que en
ocasiones destruyen órganos vitales.
Tratando de olvidar el dramático cuadro somático que sus médicos crearon en esta
enferma, procuro obtener síntomas que me permitan hacer algo, si aun hay tiempo
para salvar su vida.
De su esfera psíquica tomo lo siguiente: Muy irritable. Se ofende fácilmente. Es
violenta y no tolera que la contradigan. Sumamente obstinada. Es muy rencorosa,
celosa y egoísta. Se encuentra mejor estando sola y es muy irritable antes de
sus menstruaciones.
Dejando ya su esfera psíquica, pregunto sobre sus deseos y aversiones; le
agradan mucho los condimentos y los picantes. Desea carne pero con grasa y
rechaza la leche porque le da asco.
Elijo cuidadosamente su medicamento y lo indico de inmediato a baja potencia,
temiendo una agravación que no podría soportar.
La respuesta es rápida, con fuerte epigastralgia. Se produce una descarga nasal
acuosa, estornudos y escalofríos. También aparecen fuertes dolores óseos. A todo
esto se agrega la instalación de una crisis asmática de tal intensidad que
ensombrece el panorama.
La diuresis comienza de inmediato, bajando la enferma 14 Kg. de peso en pocos
días. Comienza entonces a alimentarse normalmente.
Los síntomas psíquicos mejoran, desapareciendo su irritabilidad y tolerando muy
bien la compañía. La sensación de bienestar general, tanto desde el punto de
vista físico como mental, es ahora índice claro de la curación de la paciente.
La disnea cedió rápidamente, lo mismo que el resto de los síntomas patológicos.
A la notable diuresis, sigue una rápida caída de peso.
A las pocas semanas y después de recetarle potencia mucho mayor del mismo
remedio, vuelve a ser lo que era antes de su enfermedad.
Ya no es obesa como yo la conocí, sino una muchacha delgada, muy agradable y con
ojos, antes ocultos tras los párpados hinchados, de color celeste.