LO QUE NO DEBE HACERSE AL TRATAR UN PACIENTE

Son varias las cosas que un profesional no debe hacer cuando ve a un paciente por primera vez. En primer lugar hay que aprender a dudar de los diagnósticos en el sentido clásico porque se corre el riesgo de encasillar en una etiqueta un proceso que por naturaleza es esencialmente dinámico, rasgo dominante de toda enfermedad. Toda enfermedad es un devenir, un desequilibrio inestable que se va agravando con el tiempo y lo esencial es ver a la persona que lo sufre y no la etiqueta que supuestamente lo define. Otra cosa que no debe hacerse es fragmentar esa persona en partes, por ej. tratar el hígado enfermo, o el tubo digestivo, o cualquier otro órgano en lugar de ver el enfermo en su totalidad, tratar la “enfermedad” (el diagnóstico) en lugar de tratar el enfermo, esa persona distinta de otras e inédita, ese ser humano que solo puede ser comprendido tanto en su salud como en su enfermedad si se lo considera desde su historia personal a la que está irremediablemente ligado y sin la cual no sería quien es. También hay que tener en cuenta que toda enferme-
dad comienza por un desequilibrio generalmente emocional y que puede transcurrir bastante tiempo, luego de una etapa silenciosa, para que aparezcan síntomas. En las enfermedades crónicas, aquellas que se desarrollan durante años, periódicamente pueden aparecer nuevos síntomas por la propia naturaleza de la enfermedad o por los llamados factores desencadenantes, como por ej. un accidente, una operación, un traumatismo físico o algún evento psicológico, una decepción, indignación, injusticia, cólera o sentimientos reprimidos, pena, sufrimientos importantes etc.
Dicho esto, quiero ejemplificar con un caso que será bien ilustrativo de todo lo expresado.
A mediados del 2005 concurre a mi consulta una chica de treinta y tantos años acompañada de su madre pues no se animaba a viajar sola. Pero no se trataba de una fobia aunque hubiera algunos aspectos fóbicos en su padecimiento. En realidad se hallaba en una situación emocional desesperada. Sentía que su vida estaba estancada y no veía ninguna salida, todo lo veía negro, estaba embargada de un sentimiento de soledad y lloraba continuamente. Ella “quería formar una familia” y se desesperaba porque “se le acercaban los cuarenta años”, vivía con desesperación el transcurrir del tiempo. Como no quería demostrar nada de lo que le pasaba ante la gente extraña y detestaba que la consolaran, permanecía recluida en su casa y tirada todo el día en la cama. Además había aumentado mucho de peso y eso la avergonzaba, lo que demuestra que su estado no la transformaba en indiferente. Prefería
estar sola a pesar de su sentimiento de soledad, tenía amargura y rabia. Se ponía peor antes de la menstruación y entonces se irritaba y gritaba. También iba en aumento su cansancio físico. Consultó a un psiquiatra y este la medicó con un antidepresivo pero no cambió su estado. Como engordaba consultó a un nutricionista. Como consecuencia aparentemente del incremento de peso le apareció celulitis y esto incrementó su sentimiento de vergüenza. Para “tratar” su incremento de peso le recetaron anfetaminas y la consecuencia fue una nueva complicación de su estado psicológico. Surgieron en ella los que se llaman síntomas autorreferenciales un síndrome paranoide es decir persecutorio (signo de agravación o profundización de la enfermedad según la homeopatía y la medicina general) y esto motivó que la internaran en un establecimiento psiquiátrico con el diagnóstico de “psicosis” y por
supuesto la medicaron en consecuencia con psicofármacos a propósito para ese rótulo, primero le dieron la droga llamada haloperidol y después risperidona. Allí permaneció quince días y cuando salió siguió con la misma medicación durante cinco meses. Pero he
aquí que al año le repitió el cuadro persecutorio y volvieron a darle antipsicóticos pero esta vez en una versión “mejorada” combinados con antidepresivos y ansiolíticos y paradojicamente se agregaron al cuadro pensamientos suicidas (producto por supuesto del desaliento de la paciente). Casi olvido relatar que en realidad ya había hecho un intento de suicidio con psicofármacos en medio de un estado de confusión mental y desesperación. Con todas estas drogas estimados lectores, imagínense que no iba a funcionar bien su intestino, y así tuvo la pobre que soportar un bolo fecal.
Naturalmente que nadie le había preguntado que le pasaba y su estado psíquico siguió complicándose. Comenzó a sentirse mas nerviosa y con inquietud interna, de desasosiego y volvió a pensar como antes que tal vez su teléfono estaba intervenido. Entonces le incrementaron la dosis del antipsicótico. Desde la internación del 2002 tenía ideas fijas, que se iba a quedar sola, que no podría formar familia, que sus padres eran personas grandes, que se mataría antes de quedarse sola, que no soportaría la muerte de los padres…y preparaba en secreto su suicidio. Su angustia seguía creciendo y apareció entonces en este contexto el temor a la locura, que llegó a ser el más importante. Cuando me consultó la angustia le oprimía la garganta y el estómago, no tenía ganas de hacer nada, se mostraba indiferente a todo, no le veía sentido a la vida y deseaba morirse. También pensaba que no podía arreglarse por si misma (desvalimiento) y dependía económicamente del padre . Tomaba una lista de psicofármacos, neurolépticos, antidepresivos, antipsicóticos, ansiolíticos.
Y ahora veremos que es lo que no le preguntaron a la paciente.
El estado psicológico de las personas, como ya lo expresé, no puede comprenderse sin referirlo a la historia personal y a la de la familia. No puede entenderse una persona sin su contexto social. Este contexto es lo que llamamos “matriz de identidad”, aquel que viene
al mundo se irá modelando, formando, en la interacción con ese medio que lo marcará a fuego, y de esa interacción surgirá primero el núcleo básico de la personalidad, y con esa base hará el aprendizaje de lo social . Esa marca o huella de lo familiar y lo cultural no siempre se ve desde el comienzo en una persona, no siempre los problemas psicológicos comienzan a manifestarse desde la niñez, tiene que haber algo que descompense el equililibrio para que aparezcan los síntomas.
Cuando niña, la paciente adoraba la música y la danza, era alegre, muy activa y flaca y muy sociable llegando a considerarse un cascabel. Para la época en que comenzó a sentirse mal (1992) tenía como veinte amigos.¿que ocurrió entonces para que se produjera un cambio tan grande en su personalidad?. Ya cuando niña ocurrió algo que cambiaría su vida, que alteró su equilibrio emocional, su mundo compuesto por su padre con quien tenía un buen
vínculo, su madre no demostrativa y triste y su abuela materna a quien adoraba y siempre fue su puntal, su verdadero apoyo. Lamentablemente la madre no tenía un vínculo profundo con el padre. En este contexto la agresividad del padre fue desarrollándose cada vez mas,
perfilándose poco a poco dos bandos donde la comunicación estaba ausente (el padre por un lado y la dupla madre-hija por otro, las cuales se apoyaban mutuamente), además ambas dependían económicamente del padre. Este esquema familiar. Cobra importancia porque a los once años de la paciente ocurre aquello que cambia su vida, el padre tiene una actitud inadecuada con una compañerita de danza de la paciente, lo que la llenó de decepción, pena, cólera e indignación, rebelándose su moral e instalándose el rencor a su padre de quien ya no esperó ni quiso mas nada. La simbiosis con su madre y su abuela se reforzó y le sirvió de consuelo. Pero a sus dieciocho años su apoyo, su puntal, su abuela se enfermó y comenzó a deteriorarse y finalmente murió. Entonces sintió que su apoyo se había derrumbado y apareció su desvalimiento y el temor a la muerte de su madre. Este fue el factor desencadenante del proceso patológico que la llevó al cuadro por el cual me consultó luego de pasar por las experiencias “terapéuticas” relatadas. Gracias a la medicación homeopática y a la psicoterapia, hoy puede decirse que está en franca recuperación y ha recuperado su autoestima, sus actividades y su vida social. Me trajo a la madre para que la trate la que también se encuentra en franca mejoría y ahora puede confiar en un futuro distinto.


DR. HUGO RIVAS
MEDICO PSIQUIATRA
MEDICO PSICOANALISTA
MEDICO HOMEOPATA

Buenos Aires, fines de agosto de 2005