Infertilidad
Dr. Néstor Bonomi
Hoy me ocupare de otro caso de infertilidad en una mujer. La señora S.D. de 33 años de edad tiene una niña de 9 años y desea tener otro hijo, intentándolo desde su último parto hasta la actualidad. La comienzo a atender el 10 de octubre del 2002. “me he hecho mil estudios”, dice la señora y ningún médico puede saber cual es la causa de mi infertilidad.
Por supuesto a nadie se le ocurrió ir mucho mas allá de sus ovarios, creyendo con seguridad que son la causa y no la consecuencia de la enfermedad. Con una ojeada a unas páginas de Hahneman, de Kent o de Ghatak verían claramente que los ovarios no son los culpables de su situación, sino su FUERZA VITAL enferma y los ovarios son sólo el pedido de auxilio de esa FUERZA VITAL que necesita ser curada.
Como siempre, tomo los síntomas mentales ya que son los más importantes para el diagnóstico del ENFERMO, o dicho de otra manera son el espejo de su FUERZA VITAL.
Se trata de una mujer sumamente irritable, impulsiva y muy autoritaria. Dice que no tolera las injusticias. Es muy desconfiada y poca cariñosa. De gran emotividad (llora por cualquier cosa). Con ese carácter es muy lógico que sea también apurada, exigiendo que todo se haga ya. Rencorosa y por último,
temor a las alturas.
Sus deseos alimenticios son tanto los dulces como los salados. Quiere comer carne con grasa, mucha sal y comidas sabrosas.
Al mes de comenzar con mi medicamento queda embarazada y su hijo nace en término y en perfecto estado de salud. De esto me entero en el año 2004, habiendo abandonado la señora el tratamiento homeopático una ves logrado su objetivo, actitud común en muchos pacientes. Por supuesto no estaba curada, no obstante que me dice que con el remedio quedó mucho menos irritable y menos impulsiva, aunque sigue siendo autoritaria. En ese mismo año me vuelve a ver por unos nódulos que le aparecen en el cuello. Al mes siguiente esta mejorado su actual cuadro, pero deja de atenderse. No ha comprendido que sigue tan enferma como al principio y que el homeópata no puede dedicarse a curar un ovario o unos nódulos y últimamente su obesidad. Debe curar al ENFERMO todo, o solo desaparecerá un síntoma y luego aparecerá otro. Para la homeopatía hacer desaparecer un síntoma generalmente es sencillo. Pero sabemos muy bien que no es eso la curación de un enfermo. Aquí el ejemplo es muy claro. Tuvo a su hijo que tanto ansiaba, pero el mal busco otra salida donde manifestarse y lo logró en su cuello. Al estar mejorada, nuevamente no terminando de tratarse, aparecerá otro síntoma y así seguirá viviendo, siempre enferma. Pero ya se encargara el alópata de convencerla insistiendo en que su último síntoma es su nueva enfermedad debido a bla, bla, bla ,bla….
Otro caso:
La señora V.B. de 42 años de edad, concurre a mi consultorio en agosto de 2001 .Desea tener un hijo, cosa que no ha podido lograr con los tratamientos que aún siguen utilizando.
Por supuesto, seguramente harta y agotada como todos de deambular de consultorio en consultorio y como siempre por casualidad, por insistencia de amigos intenta probar un nuevo enfoque médico, con todas las lógicas dudas que tiene toda persona que se decide a hacer un cambio. Su desconfianza desaparece cuando le explico claramente como cura la HOMEOPATIA y porqué no cura la medicina clásica, esa que ella está acostumbrada a utilizar. Entiende claramente que la HOMEOPATIA cura y la ALOPATIA suprime. Y suprimir es esconder los síntomas con que el paciente pide ayuda mientras que curar es el verdadero desideratum de los médicos homeópatas.
Es una mujer calurosa. Sus deseos alimenticios consisten tanto en dulces como en salados, principalmente en pastas, pescado y mariscos, etc. Pero su verdadero problema está en su psiquis. Mujer de carácter fuerte autoritaria, insolente, grosera, sobre todo grosera. Dice ser afectuosa cosa que pongo en dudas. Callada, introvertida y muy seria “jamás una sonrisa”. Prefiere estar sola. No tolera a nadie y padece claustrofobia. Toma el medicamento ese mismo día y queda embarazada más o menos a los 25 días.
A los nueve meses nace sano su hijo. No obstante la mujer, que no siguió tratándose con homeopatía, una vez conseguido el objetivo, la abandona.
He curado el síntoma, que era su infertilidad pero no he podido curar a la enferma, que sigue tan neurótica y grosera como siempre con su marido y con todos, sus síntomas negativos se mantienen y no cambiará hasta que termine el tratamiento con homeopatía unicista, sea cual fuera el médico homeópata que la tratara, siempre que fuera un homeópata verdadero.