H.P.V.
Dra. Teresa Lavitman
Hace unos 20 años se "inicia el Boom" del H.P.V. en el mundo occidental. Hasta ese momento se desconocía el potencial oncogénico del grupo H.P.V.. En 1976 Meisels y colaboradores demostraron que la mayoría de las infecciones ginecológicas por H.P.V. son subclínicas (no son lesiones manifiestas a simple vista) y se reconocen por un Papanicolau anormal. En la década del 80 se produce una avalancha de información por técnicas de biología molecular, pero siempre detectando efectos y no causas. Hoy hay mucha más "información" y se sabe cada vez menos. Año a año se modifican los conceptos, evidencias y nomenclaturas. Hoy se puede decir solamente que la preocupación del ginecólogo, es como siempre la prevención de las neoplasias, sobre todo las de cuello de útero y que esta preocupación debe exagerarse en adolescentes por ser especialmente vulnerables. En este "boom" se ha sostenido que desde los continuos biológicos de la displasia se llegaría al carcinoma pero, ya existen quienes niegan tal progresión. Esto es muy importante con respecto al tratamiento, ya que de acuerdo a esto no habría que tratarlas lesiones de bajo grado (condiloma viral plano) y por otra parte se supo siempre que un gran porcentaje de lesiones precursoras, desaparecen espontáneamente.
A partir de las últimas informaciones se niega la transmisión sexual como la única y más importante. Puede ser una forma más pro no la única. Se producen verdaderas catástrofes entre las parejas por la creencia de que la única vía de transmisión es la sexual. La incidencia de infección por H.P.V. aumentó en 6 veces en la última década y puede decirse que hay evidencia citológica (Pap) de alteraciones por H.P.V. en el 2 ó 3% de las mujeres menores de 30 años. Pero ni la evidencia citológica, ni la histopatología prueban la existencia de H.P.V. en el tejido.
Sólo señalan la acción del virus sobre el tejido, pero no al virus mismo. Son imágenes "sugestivas" pero, no diagnósticas. La detección del DNA viral es la única prueba. La presencia de H.P.V. no es condición suficiente para la carcinogénesis (propiedad de formar cancer).
Se trata de la intervención de cofactores que todavía no se conocen. El H.P.V. sería un virus que se activaría por diversas causas. Entre ellas figuran el cigarrillo, los factores genéticos, químicos carcinogénicos ( en alimentos y medicamentos alopáticos), radiaciones por tratamientos o accidentales, deficiencias nutricionales y los contraconceptivos. Obviamente el sistema inmunológico juega un papel primordial en este proceso multifactorial. En el embarazo, que es un estado de inmuno deficiencia adquirido fisiológico, las lesiones en vagina, vulva y cuello de útero, aparentan ser de mayor gravedad, se agrandan, ingurgitan pero se ha comprobado que desaparecen espontáneamente, después del parto. Por eso no deben tocarse o evaluarse inmediatamente, después de un parto.
Experimentalmente el H.P.V. produce lesiones con tendencia al cancer. Pero el H.P.V. no es sinónimo de cancer. Se ha demostrado que el 80 % de cuellos normales tienen H.P.V. y el 80 % de cuellos con cancer tienen H.P.V. Todos estaríamos infectados y sin embargo no todos tenemos cancer. El virus estaría en forma latente y sería activado por factores desconocidos. La prevención primaria es evitar relaciones promiscuas y dirigida especialmente a los grupos más jóvenes. Se recomienda el uso del preservativo ya que la sexual es una de las tantas vías de infección. No la única. Y también es una prevención al SIDA. Deben tomarse medidas higiénicas referidas al uso individual de toallas, ropa interior, etc. Parece que el virus vive mucho tiempo, por lo menos 6 horas, fuera del cuerpo. En personas de edad avanzada no es un factor cancerígeno. Cabe decir aquí que se han sobrediagnosticado lesiones vaginales y de vulva y se ha propagado la indicación de tratamientos muy agresivos.
El doctor e investigador Meisels, propone : "lesiones de bajo grado no hacer nada"; "lesiones de alto grado, tratarlas". Esto es lo que se hacía hasta el "boom" del H.P.V. Y desde su detección se destruyen lesiones mínimas de vulva, vagina y cuello y lesiones de bajo grado con técnicas como la criocirugía, vaporización con Láser y asa de Cartier, pasando por el fluoruracilo y el ácido tricloroacético. Con estos tratamientos agresivos las lesiones asociadas al H.P.V. "desaparecen", pero no desaparece el virus , permanece en forma latente. La Homeopatía es el tratamiento indicado para su prevención, porque su enfoque integral abarca todos los cofactores actuantes del virus y por su capacidad de modificar las predisposiciones genéticas