EL HOSPITAL ESCUELA
Noviembre Diciembre de 1961
Dr. Tomas Pablo Paschero
Con un resultado sumamente halagador para los profesores de la Escuela, han terminado este año las actividades de la Asociación, cuyo objetivo esencial es el de propender a la formación del médico homeópata.
Los médicos egresados y todos los que concurrieron asiduamente a los cursos, han visto desarrollar la concepción doctrinaria hahnemanniana de la enfermedad a través del caso clínico
, con toda la fuerza sugestiva que emana de la demostración práctica, exenta de teorías especulativas.
Es que la Homeopatía no se puede aprender de otra manera. Llevar al médico a la convicción de que debe prestar atención a los síntomas peculiares o característicos del paciente y no a los síntomas comunes de la enfermedad, resulta inoperante sin el enfermo visto en común.
Es por esto que la necesidad del Hospital Escuela ha llegado a ser perentoria e imprescindible desde ya. Nuestros esfuerzos están canalizados tras ese objetivo que tendrá éxito en la medida en que todos colaboren con el mismo entusiasmo. Es la única forma de implantar la verdadera Homeopatía, avalada por la observación clínica correcta de los síntomas y apoyada estrictamente en la comprensión biopatográfica total del paciente. La llave de cada caso es la identificación del síndrome mínimo característico del enfermo, que todos los enfermos tienen, pero que cuesta muchas veces descubrir. La dificultad en Homeopatía es que no se hacen correctamente los diagnósticos de estos síndromes característicos.
Es indispensable poseer un mínimo de convicción en los principios fundamentales que sustentan
la doctrina homeopática para concebir clínicamente la entidad funcional primogénita del cuadro patológico que tenemos por delante e identificar ese síndrome característico determinativo del “simillimun” que luego se aplicará según la actual condición del caso particular.
Pero para esto se requiere haber visto muchos enfermos y haber tenido reiteradamente la percepción vivencial del trasfondo mórbido que hacen a la personalidad y disposición constitucional.
No se hace homeopatía, entendámoslos, en lo que concierne al diagnóstico del “simillimun” y no al de los medicamentos similares que cubren síntomas, sin haber entendido que el paciente real, cuyo conocimiento compete al homeópata, se halla detrás de la carpeta de investigaciones de laboratorio de toda índole y oculto bajo un cuadro actual que sólo es resultado y no causa.
Ese paciente real sólo se identifica con la totalidad característica de síntomas percibida directamente a través de la historia y el diálogo, y es allí donde el médico patólogo u organicista halla sus mayores dificultades para manejar una semiología que asigna valor clínico decisivo a los síntomas mentales, al estado anímico del enfermo.
Cobra así inusitada importancia el comprender las modalidades personales de la angustia que constituye la perturbación afectiva por excelencia de la condición humana y por ende su mentor radical para todas las formas de patología.
La angustia es un síntoma biológico que arranca de las situaciones de peligro, la primera el propio nacimiento y que, según la labilidad nerviosa de cada paciente, estado psórico de Hahnemann, condiciona la incidencia de los futuros traumas desencadenantes de perturbaciones funcionales y determina síntomas como anticipación, claustrofobia, aprensión gástrica, asma, espasmos del tracto digestivo, anginas precordiales , temores, fobias, etc. Que revelan, todos, modalidades del fenómeno opresivo del paso por un estrecho, como etimológicamente señala la palabra angustia.
Si el homeópata se capacita para captar en el enfermo las connotaciones psicológicas de ese fondo de inseguridad que determina la angustia, comprenderá al paciente real y podrá diagnosticar el “simillimun” sobre la base de un cuadro que si bien está integrado por síntomas generales y modalidades, sólo está definido por la forma personal como elaboró su angustia. La exclusión de
los síntomas mentales y la práctica de una homeopatía puramente sintomática se debe al desconocimiento psicológico y a la dificultad para captar la subjetividad del paciente. Es por todo esto que en homeopatía, más que en cualquier otro aspecto de la clínica, no se concibe la formación del médico homeópata sin la rigurosa demostración práctica con el enfermo por delante y por consiguiente, sin la indispensabilidad del Hospital Escuela