HOMEOPATÍA 2 EN TIEMPOS DE HOMERO
En homeopatía, el principio o ley de similitud (similia similibus curantur - lo semejante se cura con lo semejante) es inseparable de la medicación única, dinamizada y previamente experimentada, constituyendo todo esto los cuatro pilares en que se basa el sistema homeopático.
La “ley de similitud” fue enunciada por Hipócrates como una de las leyes que rigen la terapéutica. En el libro “De los lugares en el hombre”, dice: “Los padecimientos se curan por lo opuesto a ellos; otro procedimiento es curar las enfermedades por lo mismo que es capaz de producirlas”; “se tratará tanto por lo contrario como por lo semejante según la naturaleza de la enfermedad”, y más adelante agrega: “Hay una manera de formarse las enfermedades: vienen algunas veces por los semejantes, y curan por las cosas que las engendran.”
Después de Hipócrates habrá que llegar hasta Paracelso para encontrar otro ardiente defensor del principio de similitud. Lo hace en numerosos pasajes de sus obras, entre los que destacamos los siguientes: “No hay enfermedad caliente que se cure por el frío, ni enfermedad fría que lo haga por el calor; en cambio sucede que cada una se cura con su homólogo.”
El principio de similitud estuvo siempre muy arraigado en la medicina popular y de allí lo debe de haber tomado seguramente Paracelso.
Recién con Hahnemann, la ley de similitud adquirirá un sentido preciso, enunciada de la siguiente forma: “Toda sustancia que a dosis ponderable es capaz de provocar en un sujeto sensible un cuadro sintomático dado, puede hacer desaparecer esos mismos síntomas a pequeñas dosis.”
Ahora, leyendo a Ovidio, (Amores – libro III) reparo en un párrafo que nos demuestra claramente que ya en tiempos de Homero (siglo VIII a.C.) era conocida y puesta en práctica la “cura por el semejante”, convertida, veinticuatro siglos después, como ya he dicho, en uno de los pilares de la Homeopatía.
Ovidio, en este libro, alude a Télefo (de thèlè, ubre y elaphòs, cierva), hijo de Hércules y de Auge, a la sazón rey de Misia, que fue herido gravemente en uno de sus muslos por la lanza de Aquiles, cuando los griegos en su viaje a Troya arribaron a las costas de su país.
De tal herida, Télefo sólo pudo sanar al cabo del tiempo (siguiendo las indicaciones del oráculo de Apolo) acudiendo al propio Aquiles, quien le aplicó en la llaga la herrumbre de la misma lanza con la que lo había herido.
Se dice que Aquiles, instruido por el centauro Quirón, había aprendido el arte del auxilio médico y, al parecer, la “cura por el semejante” no le era desconocida.
Dr. Luis Alposta