Homeopatía en la tercera edad

Dr. Abel Osvaldo Acuña

Isabel M.

Hace ya cuatro años recibí la llamada de un paciente comunicándome que su abuela había estado internada con el diagnóstico de neumopatía aguda, había sido estabilizada y dada de alta.  Me confesó que toda la familia no la veía en un buen estado de salud, y accedí a realizar una consulta domiciliaria.

Al llegar al domicilio, encuentro a la paciente sentada en la cama, padeciendo una fuerte disnea, comienzo a notar estertores pulmonares, sin siquiera haberla revisado. Recuerdo haberme sorprendido por la lucidez de la mujer, quien me comentó sobre su sospecha de que la habían enviado a su casa para evitar que contraiga una enfermedad hospitalaria. Quiero remarcar que el grado de lucidez y atención de la paciente, era extrañamente buena, aunque su capacidad para hablar se había visto afectada por sus problemas para respirar.

Al examinar sus estudios, reparo en que la última placa RX muestra una clara condensación de sus bases pulmonares  a predominio derecho típicas de una neumopatia. Luego de auscultarla, no me quedaron dudas de que la paciente padecía un cuadro de neumonía en fase no resuelta.

La familia me facilitó los antibióticos que le prescribieron a la paciente, y esta última, con la poca capacidad respiratoria que poseía, me dijo que luego de tomar “esas cosas que le dieron” su ánimo decayó de forma abrupta. Pregunté si había tenido tratamientos homeopáticos, y los familiares me explicaron que solía atenderse con dos prestigiosos homeópatas ya fallecidos.

En mi consulta pude observar una tos seca muy intensa,  acompañada por una expectoración blanquecina no espesa y que presentaba filamentos herrumbrosos. Isabel tenía fiebre bastante alta, acompañada por mucha sed y necesidad de recostarse o apoyarse sobre una almohada del lado derecho. Decidí medicar con Bryonia 6ta en agua cada diez minutos, durante 24 horas, y detener el tratamiento únicamente cuando la paciente se encuentre descansando.  No puedo siquiera pensar en el medicamento de fondo debido, primeramente, a la gravedad de la patología, y  a que la paciente apenas podía hablar.

Al día siguiente, y luego de habernos mantenido permanentemente comunicados, concurro una vez más a visitarla, y para mi grata sorpresa, me encuentro con Isabel sentada en su cama, saludándome con una amable sonrisa  y una disnea moderada. Su temperatura corporal no pasaba de los 37º, luego de revisarla, noté una mejoría de más del 50%. Opto por seguir con el tratamiento, con 5 glóbulos 4 veces por día durante 48 horas. 

Continué en comunicación, aunque al poco tiempo, noté una mejora más rápida que en cualquier otro paciente con un cuadro similar. En la tercera visita me encontré con una mujer alegre, optimista, quien le sonreía a la vida una vez más, y como si fuera poco, albergaba dentro de sí misma los mejores relatos de historia argentina que escuché. Se notaba en su rostro la mejoría, además de sus continuos deseos de alimentos dulces, carnes blandas y una copa de buen vino. Pedí una RX  de campos  pulmonares,  con equipo móvil,al ver que  ya no padecía de neumonía le  prescribi su medicamento de fondo sulfur un papel.

Llevo cuatro años como su médico de cabecera, cada dos o tres meses suele llamarme para solicitar una consulta, aunque todos los meses nos hablamos para controlar que todo siga en orden. Isabel  posee una salud equilibrada por el suministro de medicamentos homeopáticos desde joven,  evitando medicamentos alopáticos  y fundamentalmente por su profunda calidad humana.

La última vez que la  he visito, pocos días antes de su centésimo cuarto cumpleaños, me contó su gran secreto:cada día, al despertarse, rememora lo más lindo y bello de sus vivencias del día anterior, de esta manera  cada día es un poco más feliz.

 

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