EL BUEN SIGNO DE LA FIEBRE

Dra. Vivian Suttin

 

La conducta casi automática de la mayoría de las personas ante la fiebre, es bajarla; ocupándose de un síntoma que está reflejando una totalidad en desequilibrio que se expresa por medio del aumento de la temperatura. Generalmente los pacientes se automedican por ejemplo con aspirinas, cuyos efectos adversos los desconocen, siendo los más comunes: hemorragias gastrointestinales, úlceras o bien accidentes alérgicos graves.

Pruebas concluyentes han demostrado que el aumento de la temperatura es uno de los principales mecanismos de defensa que tiene el organismo contra la infección bacteriana y sobre todo viral.

 

Con la fiebre alta se hallan todos los elementos de inmunidad en su mayor acción y eficacia.

La producción de linfocitos T,(glóbulos blancos especializados en la lucha antinfecciosa) se multiplican hasta 20 veces más, y segregan una sustancia llamada pirógeno endógeno, encargada de disminuir el hierro de los líquidos corporales que son de vital importancia para la multiplicación y división de la bacteria.

 

Por lo tanto “bajar la fiebre” impide que nuestros propios mecanismos de defensa combatan la enfermedad.

Esto fue demostrado por Luis Pasteur, que afirmaba que las gallinas poseen una temperatura mayor a la del ser humano que las protegía del Cólera. Tuvo la ingeniosa idea de descenderla por enfriamiento logrando que las gallinas contrajeran el Cólera, demostrando la importancia de la temperatura corporal en la lucha contra las enfermedades infecciosas.

 

La aplicación de antitérmicos es otra forma peligrosa de automedicación ya que la aspirina dada a un niño en el comienzo de una fiebre normal, puede ocultar un proceso reumático que, reprimido en su expresión inicial produce lesiones cardíacas ultriores. Eso puede ser la causa del descubrimiento de soplos que aparecen en un examen de rutina y que raramente se lo relacionará con aquel comprimido administrado por la madre a raíz de una fiebre, un “dolorcito” de rodilla o de talón. La fiebre indica le existencia de defensas.

 

Se ven ejemplos de enfermedades graves en que la temperatura no sobrepasa los 37° C ; el número no mide la real gravedad de la enfermedad. Hay niños con 40° C que se encuentran jugando y hay quienes con 38° C están decaídos. Y se dan también estas absurdas situaciones: se administra un antitérmico (aspirina), el paciente se siente mejor y en vez de hacer reposo sigue su ritmo; si es un niño juega, corre, transpira copiosamente y puede dar lugar a enfriamientos graves.

 

¿Por qué le interesa a la Homeopatía respetar la fiebre? Porque la misma es una respuesta curativa del organismo.

Uno de los temores más arraigados (que fueron promovidos por entidades interesadas) es que la fiebre produce convulsiones. No es así. Eso es poco frecuente. Si un paciente tuviera más de un episodio de esa naturaleza, habrá que tratar en ese paciente el terreno que lo predispone a hacer convulsiones, con el remedio homeopático correspondiente. Tengan en cuenta que también es frecuente la aparición de convulsiones, después da “hacer bajar” en forma brusca la temperatura.

 

El departamento de Salud Pública de E.E.U.U: recomienda no administrar aspirina a niños que padecen de Varicela, Sarampión y cualquier enfermedad vrósica pues han observado muchas complicaciones, como el signo de Reye: enfermedad aguda grave y mortal con un 20% de daño cerebral y daños degenerativos en órganos internos, por el uso de la aspirina..