LAS PERSONAS MUY ESCRUPULOSAS

 

Dr. Francisco Goldstein Herman

Psiquiatra, Psicoanalista, Homeópata Unicista

 

Jorge, 40 años, médico alópata destacado en su especialidad, me visita a instancias de su esposa. Ella lo ve perdiendo el tiempo en cosas sin importancia. El objeta la observación de su esposa; alega que el fichado de temas y las frecuentes notas que toma de los más diversos tópicos son necesarios para sus tareas de escritor (escribe libros y trabajos para congresos; ha publicado varios).

 

El que toma nota de todo

Me es muy incómodo darle la razón a alguno de ellos. Veo que Jorge ha comenzado a mover los objetos que tengo sobre mi escritorio ordenándolos de otra manera. Le pregunto si la distribución que tenían antes le incomodaba por alguna razón. Jorge se ríe, me pide disculpas y dice que es algo que le viene de adentro; necesita ver los objetos dispuestos de cierta manera. Extrae de su bolsillo una pequeña libreta en la que va anotando cosas. Al cabo de un rato, intrigado, le pregunto qué escribe. Jorge responde que por costumbre anota todo. Aquí, va registrando nuestra conversación. Comenta que “le sirve para sus tareas profesionales”, sin embargo no explica para qué le sirve tomar notas durante su entrevista conmigo.

 

Indeciso, por terror a fracasar  

Jorge se ve obligado a ejecutar rutinas que, aunque pretende explicarlas, exceden las exigencias de su profesión. Se describe básicamente a sí mismo como una persona insegura. “-Soy un flojo”- dijo de él. “-Soy apocado, tímido, sumiso. Aborrezco aparecer en público o tener que enfrentar a la gente. No me tengo fe. Padezco una especie de debilidad en la mente. Tengo un profundo terror al fracaso. Vivo pensando qué va a ser de mí en el futuro. Soy víctima de mis indecisiones. Me doy cuenta de mis limitaciones y me persigo a mí mismo con reproches. Estoy siempre ansioso y sintiendo culpa, no sé de qué ni porqué.”

 

Inseguro, duda de ser apto

Parecía increíble escuchar estas apreciaciones sobre sí mismo en alguien que se había ganado el respeto de sus pares compitiendo en reuniones científicas con colegas de mucho valor también. Jorge me explicó que él no creía tener las aptitudes que le atribuían, que le parecía un error de los demás que lo hubieran llevado a la posición en que se encontraba y que, por estas razones, había tantas disposiciones que él dudaba de poder llevar a cabo. Sufría anticipadamente las penurias de cualquier acontecimiento futuro en el que se veía involucrado o comprometido. Eran clases, charlas, ateneos que él debía dar.

 

Perfeccionista  

Si él había superado obstáculos y escalado posiciones científicas altamente envidiables había sido a costa de su extrema meticulosidad. Aún siendo profesor, no se permitía dar una clase sin haberla estudiado “cien veces hasta perfeccionarla”. Debía convencerse de que tenía los conocimientos de “la última innovación publicada”. Esto era muy revelador del padecer de Jorge, ya que los estudiantes no están capacitados para juzgar los conocimientos del profesor como si fueran colegas del mismo nivel que éste, pero Jorge lo sentía de esa manera.

 

Acumular conocimientos con avaricia

Necesitaba acumular conocimientos más allá de lo necesario. Jorge hacía un atesoramiento concienzudo de datos de su especialidad. Su proceder era tan manifiestamente compulsivo que llevaba a relacionar su conducta con la avaricia. Al indagar sobre esto Jorge reconoció que no le gustaba gastar dinero, que prefería retener lo que ganaba, no gastar y agregó: “-Nunca se sabe qué puede deparar el Destino. Por eso el futuro es tan incierto para todos”.

 

Temiendo al futuro

Generalizar, afirmando que “todos” sufren lo que uno, hacer de lo propio algo que dan por seguro que “todos” padecen o que “todos” se comportan así, es un uso bastante común en las personas inseguras, apocadas y tímidas quienes, de ese modo, se sienten menos vulnerables. Pero en este uso aparecía desplegado el temor al futuro que padecía Jorge. Su docilidad, su complacencia ante los demás, su sumisión, su timidez, eran “el ropaje” que presentaba Jorge más que ante los otros, ante el Destino. La acumulación de “bienes” (fichas, ideas, conocimientos, pero también dinero) constituían su defensa ante un porvenir que, para Jorge, se ofrecía a él como abrupto, inhóspito, inexorable y singularmente ruinoso.

 

Por fin, disfrutar el presente

En un tiempo relativamente corto, Jorge, médico alópata, no pudo sustraerse a la agradable sorpresa de no sentirse tan endeble, tan vulnerable, tan culpable. Pasó a experimentarse con capacidad para afrontar situaciones para las que se había preparado por años, pero ante las cuales se sentía desamparado, desarmado. Dejó de sentirse no-apto y por fin pudo relajarse y no sentir culpa por  no anotar todo ni cuidar todos los detalles. No disfrutar hoy  por temor a lo que pueda venir del mañana, es uno de los síntomas raros que la Psicomeopatía está en condiciones de curar #