LA ENFERMEDAD CRONICA

Dr. Víctor A. Saragusti

Se llama enfermedad crónica a aquella que no es aguda. Y esto no es una perogrullada, sino una verdad, pues las enfermedades se dividen en rasgos generales en dos grupos: 1) agudas y 2) crónicas. Son enfermedades crónicas las que desde su comienzo jamás pueden ser curadas por el organismo solo, durando toda la vida, hasta que medie la muerte o algún tratamiento curativo. Son enfermedades agudas las que, con medicación o sin ella, duran un tiempo más o menos corto (7 a 15 días) y desaparecen totalmente.

Ejemplos de enfermedad crónica son el reumatismo, la diabetes, el asma, las alergias y todas aquellas afecciones donde la fuerza curativa de nuestra energía vital, no es suficiente para hacerla desaparecer. Son enfermedades agudas la gripe, las anginas, el sarampión, la neumonía; porque desaparecen en un tiempo corto, dejando sólo, la salud.

Pero hay una enfermedad crónica que es la más importante de todas y a la que el Dr. Hahnemann llamó "Psora", y es contra ella que el homeópata dirige sus medicamentos. La Psora o miasma psórico es una alteración dinámica de nuestra fuerza vital, que antecede a las manifestaciones de la "enfermedad". No puede existir ninguna enfermedad si no existe la Psora, porque ella es nuestra predisposición para enfermarnos, el terreno alterado donde puede germinar y crecer. La Psora como predisposición patológica: Si 10 personas se ponen en contacto con un tuberculoso no se infectan todas, se infectan las que pueden, las que están previamente alteradas o predispuestas, es decir las que tienen Psora. Lo mismo pasará con varios niños que van a visitar a un amiguito enfermo de varicela, sólo algunos se van a contagiar y eso no está en relación directa con la virulencia del germen, sino con la predisposición patológica de cada niño. A este terreno, que es anterior a la enfermedad, los homeópatas le llamamos Psora y lo detectamos por un largo interrogatorio donde se incluyen los sueños, el carácter y la personalidad del paciente; su alimentación, transpiración, sus anhelos, sus frustraciones, sus penas y todo lo referente a la persona enferma.

La enfermedad de Matías: Hace unos años me consultó Matías porque tenía una enfermedad crónica de adenoides. Respiraba por la boca, la nariz siempre cargada y hablaba con voz nasal. La madre me cuenta que había sido operado un año antes, pero al poco tiempo volvieron todos los síntomas nasales y una radiografía mostró que las adenoides habían vuelto a crecer. La tranquilicé, diciéndole que no eran las adenoides lo que había que curar. El terreno patológico (psora) de Matías, siguió funcionando después de la operación y pudo, con suerte para Matías, volver a hacer crecer las adenoides y no transformar aquella enfermedad primera en un asma o en un falso crup, como lo hacen otros chicos. El remedio homeopático le fue administrado en base a la timidez y el bloqueo afectivo que hacían de Matías un niño indiferente, frío, cerrado, hosco, malhumorado y resentido. El remedio movilizó a Matías para que pudiera dar y recibir afecto y de esa manera crecer bien; fuerte, sano y responsable. Las adenoides desaparecieron hace tiempo pero, el sigue su tratamiento contra la psora, contra su desequilibrio profundo que fue la causa de sus adenoides para que en el futuro, no lo sea de alguna otra afección. Así cura la Homeopatía, curando primero al hombre porque en él, radica su desequilibrio. "Los órganos no son el hombre - decía un gran maestro de la Homeopatía…"

"el hombre es sus afectos, su voluntad, su inteligencia y no hay nada más en el hombre" "La casa donde el habita es su cuerpo". Todo trabaja armoniosamente en el hombre de bien. Es patrimonio puro de la Homeopatía, el haber descubierto que la enfermedad del cuerpo es el resultado de la enfermedad interna (psora), del desequilibrio "primario" que tenemos como seres humanos y que se manifiesta con síntomas negativos como son el odio, el resentimiento, los miedos e inseguridades, egoísmos, envidias, celos, codicia, etc. La sola desaparición de los síntomas físicos sin un mejoramiento general sin apertura anímica, continuando con actitudes egoístas que bloquean el real crecimiento humano hacia la responsabilidad dativa, es una supresión, no una curación. Toda medicina que accione en forma parcial, interesándose sólo por el órgano enfermo, será una medicina supresora que agravará más la enfermedad interna llamada Psora, que bajo los nombres de tristeza, neurosis, depresión, irritabilidad, histeria, stress, tensión etc., pide a gritos ser curada.