EL DOLOR DE CABEZA
JAQUECAS, MIGRAÑAS, SERPIENTES Y ARAÑAS
Dr. Francisco Goldstein Herman
Psiquiatría, Psicoanálisis, Homeopatía Unicista, Sexología
Luisa vino a verme por sus singulares dolores de cabeza. Éstos pasaban de uno a otro lugar de su cabeza, alternándose unas veces a la derecha, otras a la izquierda. Nunca estaban en ambos lados al mismo tiempo. Se presentaban un día de un lado y al día siguiente, del otro. Luisa se ponía peor por el ruido y también por hablar. Había descubierto que mejoraba quedándose quieta y poniéndose paños fríos en la cabeza. También la mejoraba el aire libre, pero sólo por un tiempo ya que después de estar un rato al fresco sus dolencias empeoraban.
DOLORES GARGANTA REPETIDOS
La garganta le traía a Luisa múltiples problemas. Sus anginas pasaban de a otra, sucediéndose casi sin descanso. Como los dolores de cabeza, estas anginas también se alternaban tomando alternativamente uno u otro lado de su garganta, pero con la particularidad de que cuando estaban desapareciendo en lado ya comenzaban a aparecer en el otro. A Luisa le parecía que los dolores de sus anginas aparecían especialmente antes y durante la menstruación y que se iban cuando la menstruación terminaba. Pero por lo que veremos enseguida, no quiso prestarle importancia a esa observación.
SUEÑOS LLAMATIVOS
Surgió el tema de sus sueños. Eran muy singulares. O soñaba con serpientes o lo hacía con arañas. Al interrogarla sobre su manera de dormir, si boca arriba o abajo o de costado, si su sueño era inquieto o tranquilo, etc., surgió el tema de sus sueños. Estos eran muy singulares, alternaban serpientes y arañas. Soñaba con unas o con otras. Nunca soñaba otra cosa. Ello le recordaba a Luisa la alternancia a derecha o izquierda de sus peculiares dolores de cabeza y de sus curiosas anginas, sólo que ahora no se alternaban los lugares de su cuerpo, sino los contenidos de sus sueños.
DISCULPAS A TROCHE Y MOCHE
Mientras me contaba sus síntomas Luisa se disculpaba muy seguido sin que hubiera motivos para hacerlo. Le llamé la atención sobre esta particularidad. Me confesó que, casi en forma constante, creía que todo lo que ella decía era mentira. Esa creencia se extendía a los síntomas que ya me había contado. Estaba convencida de que, al menos para ella, era muy difícil decir la verdad. ¿Cómo no iba a serlo cuando ni siquiera sabía a ciencia cierta dónde ni de qué lado le dolía. Esta era la razón por la cual no había dado importancia a la relación entre sus menstruaciones y sus anginas.
FALTA DE CONCENTRACION
Luisa “me confesó” que sus disculpas tenían, además, el secreto fin de ocultar sus distracciones. Padecía una intensa dificultad para concentrar su atención en algo. Esta solía vagar impunemente por infinitos temas sin permitirle concluir ninguno y, por lo tanto, sin decidirse a empezar nada. Le costaba concentrarse. Evidentemente, su atención “vagaba tan de un lado a otro” como los síntomas que ya había relatado.
NUEVOS “CAMBIOS”
Además, Luisa sufría la molesta compulsión de cambiar los nombres de las personas y de las cosas. Muchas veces sustituía el nombre del objeto que tenía delante por el nombre de algo que estaba pensando. Mientras leía daba vuelta o substituía el sentido de lo leído introduciendo el recurso de omitir o de agregar cosas. Tal apremio tenía las características de “un mandato” al que no se podía resistir, en fin, una compulsión que enlazaba con sus” omisiones”. .
LOS OLVIDOS
Los “descuidos” de Luisa le parecían a ella misma, proverbiales. Jamás recordaba dónde había dejado alguna cosa, por importante que ésta fuera para ella. Esta era una de las manifestaciones por donde solía hacer agua su memoria; por demás escasa. No recordaba ni lo que terminaba de leer ni lo que se había propuesto hacer. Admitía ser muy olvidadiza. Estas particularidades de su memoria también reforzaban su convencimiento acerca de la imposibilidad de decir la verdad.
TEMOR A SER TOMADA POR LOCA
Luisa necesitó hablarme de algo que sentía pender sobre su cabeza como una espada de Damocles. De esto no se había atrevido a hablar con nadie y aún dudaba de confiarme a mí su secreto. Acabó por revelarme que a ella le parecía que sus síntomas eran sumamente raros. No quería hablar de ellos por temor a ser dada por loca. Recién cuando le había llamado la atención sobre sus repetidas disculpas sin motivo, había tomado fuerzas para confesarme tan singular amenaza. Las disculpas tenían para ella el secreto fin de ocultar sus distracciones, su dificultad de concentración, su falta de atención, su compulsión a cambiar los nombres, sus olvidos, etc. Luisa me confió que desde hacía mucho tiempo arrastraba secretamente el temor, no sólo de ser tomada por loca, sino de estar realmente volviéndose loca.
OTROS TRATAMIENTOS
Luisa se había sometido a múltiples tratamientos con medicinas alopáticas. Pero no he sabido de ningún psicofármaco con capacidad para actuar sobre los temas de los sueños ni, mucho menos, sobre temas tan precisos como estos de las arañas o las serpientes. Ella también había iniciado varias psicoterapias, algunas habían sido infructuosas, otras tuvieron mejor éxito, pero ninguna había actuado sobre tan extrañas afecciones produciendo más que remisiones temporarias. Ningún tratamiento anterior había desalojado sus temores a la locura.
LA INTERVENCIÓN PSICOMEOPATICA
Seguramente una terapia psicoanalítica hubiera reportado un retroceso más radical y permanente de sus síntomas de Luisa pero, por otra parte, hubiera demandado mucho más tiempo. Lo que es real es que la Psicomeopatía apuró su curación. El cuadro de sus síntomas y lo llamativo de sus sueños condujeron a un medicamento homeopático. Este en poco tiempo, terminó con la sucesión de sus anginas alternantes. Luisa demoró algo más en aplacar sus dolores de cabeza. Pero las serpientes y las arañas desaparecieron para siempre de sus sueños.
PSICOMEOPATIA ES HOMEOPATIA
En poco tiempo, terminó con la sucesión de síntomas alternantes (anginas, dolores de cabeza, concentración atraída desde mil ángulos, los irresistibles “mandatos” de cambiar nombres y sentidos a las cosas, etc.). La medicación homeopática fue removiendo esos síntomas raros que la Alopatía había visto como “insignificantes”. De este modo, fue una medicina homeopática la que pudo alcanzar y movilizar los procesos que sostenían a aquellos singulares síntomas que la Alopatía y la propia Luisa habían considerado “más graves” y, por fin, desterrarlos.
PSICOMEOPATIA Y PSICOANALISIS
Y cuando hablo de un tratamiento homeopático, me refiero a un sólo medicamento por vez y no a un montón de ellos simultáneamente. Las persecutorias ideas de locura que escondía Luisa, fueron definitivamente desalojadas de sus pensamientos. Si Luisa hubiera querido “pulir” el tratamiento averiguando las motivaciones que tenían sus síntomas hubiera tenido que decidirse a iniciar una terapia psicoanalítica. Pero, aunque conocíamos que esa opción seguía siendo para ella una de sus cuestiones cruciales, era incuestionablemente algo que Luisa debía decidir. Este es el modo en que trabaja la Psicomeopatía #