DEPRESIÓN
Dr. Carlos Alberto Distilo profesor Titular de Medicina Homeopática en la Universidad Maimónides .
La depresión es un cuadro por el cual los pacientes consultan a menudo al médico homeópata.
En lo que llamamos depresión primaria, no existen alteraciones patológicas comprobadas; en la secundaria, en cambio, es posible poner de manifiesto la presencia de otros trastornos o enfermedades cuya existencia determina la aparición del trastorno.
Por su parte, las depresiones secundarias, denominadas también sintomáticas, pueden estar causadas por alteraciones orgánicas, en cuyo caso se designan depresiones somatógenas, o estar relacionadas con otras enfermedades psíquicas, de las que la depresión es un síntoma o síndrome que hay que añadir a los propios de la enfermedad fundamental.
La depresión constituye uno de los típicos trastornos en los que sobre una personalidad con predisposición puede incidir, en proporciones variables, una serie de elementos etiopatogénicos: factores genéticos, somáticos, psíquicos, socioculturales y otros.
Los factores psíquicos se han postulado unas veces como mecanismos profundos en relación con situaciones de "pérdida del objeto amado" (concepciones psicodinámicas), y otras en relación con traumas psicosociales que preceden a la depresión, entre los cuales merecen citarse: pérdidas, mudanza, jubilación, agotamiento, asuntos laborales, cese de una tensión o situaciones de estrés; debe tenerse en cuenta que estos factores psicológicos son menos determinantes cuanto más endógena es la depresión.
En cuanto a los factores socioculturales, se pueden citar las situaciones vividas por el hombre actual en la esfera de sus costumbres, en el medio laboral, en el religioso.
Las depresiones predominan a partir de los 40-50 años y en ellas pueden establecerse distintos grupos clínicos, según los síntomas. Los principales que hay que tener en cuenta para decidir una terapéutica son: el síndrome depresivo con ansiedad y agitación, el síndrome depresivo con inhibición y el síndrome depresivo con predominio de síntomas somáticos funcionales (depresiones enmascaradas).
La tristeza patológica, denominada también humor depresivo, humor disfórico o simplemente "depresión", se caracteriza por su calidad negativa, desagradable, difícil de expresar y a veces de detectar, por su naturaleza íntima y personal. Se ha de insistir, por su importancia, en que, en determinados casos, este síntoma puede estar ausente (depressio sine depressione) aun cuando en los casos típicos sea el síntoma central. Otras veces puede estar oculto por la sintomatología restante que aparece en un plano más manifiesto. A menudo se presentan también síntomas de ansiedad.
El contenido del pensamiento de los enfermos depresivos se caracteriza por su tonalidad pesimista y desagradable dentro de un amplio campo de preocupaciones, rumiaciones negativas, penalidades y sufrimientos que disgustan al paciente y lo hacen sufrir moralmente. Otras veces es la pérdida del interés hacia cualquier cosa; en ocasiones el paciente se siente vacío interiormente y se atormenta con graves acusaciones por faltas, pecados de acción o de omisión. No espera nada del futuro, sino desgracias y malos augurios.
Los pensamientos nihilistas giran en torno a la desesperanza, el desamparo propio y el sentirse desventurado (regla de las tres "d").
Debe subrayarse la frecuencia de ideas recidivantes de muerte y suicidio, grave riesgo en el deprimido que siempre debe tenerse presente.
Aunque el síndrome depresivo pueda incluir todo tipo de alteraciones del funcionalismo somático, las más frecuentes son: alteraciones del sueño (despertar de madrugada, rara vez somnolencia), del apetito (en general, disminución), estreñimiento, alteraciones menstruales, sexuales y del peso, astenia, fatigabilidad y algias diversas.
Las alteraciones digestivas son muy importantes y probablemente las más frecuentes entre los distintos aparatos y sistemas. Entre ellas destacan el estreñimiento, la sequedad de boca, las dispepsias, los dolores abdominales y las alteraciones generalmente catalogadas de funcionales y que, en general, son expresión de una disfunción vegetativa.
El enfermo suele encontrarse peor de madrugada y por la mañana y mejor al anochecer (rara vez sucede lo contrario; en estos casos el síntoma fundamental suele ser la angustia). El ritmo menstrual de la mujer y el estacional también se reflejan en la sintomatología, así como en las influencias climatológicas externas.
Incluyen múltiples repercusiones en el plano de la conducta, entre las cuales cabe destacar disminución y enlentecimiento de rendimientos, actitudes apáticas, fatigabilidad, disminución de la atención y de la capacidad de concentración, déficit en la memoria, escasa necesidad de comunicación, trastornos de la vida instintiva con disminución del impulso sexual.
Mención aparte merece el concepto de las depresiones enmascaradas, también conocidas como equivalentes depresivos, ya que son trastornos que constituyen auténticas enfermedades-problema que desorientan con frecuencia al clínico. Tales equivalentes depresivos, cuya naturaleza puede ser tanto endógena como neurótica, han sido definidos como "síntomas que habitualmente corresponden o pueden corresponder a enfermedades muy dispares que se presentan en enfermos en los que no es aparente su trastorno del estado de ánimo". Aunque no hay síntomas específicos, las formas más frecuentes son algias y parestesias, sobre todo cefaleas, trastornos gastrointestinales, neurológicos y neurovegetativos.
Una vez en contacto con el enfermo depresivo debemos evaluar cuál es el grado de la misma, si existen antecedentes de otros episodios semejantes y desde cuándo. En muchos casos los enfermos concurren a nuestro consultorio con el fin de suplantar la medicación psiquiátrica por la homeopática. En esos casos tenemos que ser muy cuidadosos pues no siempre se podrá sustituir una medicación por otra y si eso fuera posible se llevará a un retiro lento y muy controlado de los fármacos que quien nos consulta viene tomando.
También es necesario aclararle al paciente que el tratamiento requiere de controles frecuentes con el fin de evaluar la evolución del mismo. Muy importante es la psicoterapia concomitante. La homeopatía ayuda mucho a que los pacientes en terapia trabajen más intensamente durante sus sesiones con el psicólogo.
Si el tipo de depresión que presenta quien nos consulta es de la que no pueden prescindir de los psicotrópicos o medicación alopática, la homeopatía ayuda a tener una mejor calidad de vida y en muchos casos es el propio psiquiatra quien nota mejoría y le reduce la frecuencia o el número de fármacos que toma.
Hace varios años me consultó una paciente que presentó un cuadro depresivo como consecuencia de la muerte de un ser muy querido por ella. Se sentía cansada de la vida, indiferente a todo, pesimista, con disminución del apetito y con deseos de permanecer en su casa y si le era posible en cama. Ya nada le interesaba. Fue fácil de comprender que la pérdida de ese ser amado la sumió en la depresión. Habían transcurrido 6 años y todo permanecía como al principio de su desgracia. La compresión del cuadro me permitió medicarla con éxito y al año de iniciado el tratamiento su recuperación era casi total. Sus palabras más que elocuentes: “siento que recuperé las ganas de vivir”.
Una vez más la homeopatía permitía reinsertar a este paciente dentro de una vida normal y sin efectos secundario alguno.
Próximo abordaremos sobre problemas ginecológicos poco aclarados a nive