Es tan peligroso suprimir síntomas con una droga como removerlos con un cuchillo.
Es mejor no hacer nada que hacer algo inútil, es mejor observar y esperar, que
hacer daño.
La idea de que UD debe aliviar al paciente de sus escalofríos y de todos sus
albures, de que debe darle Quinina y luego Arsénico, pues si no no hace su
trabajo es totalmente errada Estará tentado de hacer estas cosas, a menos que
haya desarrollado dentro suyo una nueva conciencia y se dará cuenta que esto
es criminal. La enfermedad misma no puede ser suprimida, pero los síntomas sí.
La totalidad de los síntomas debe desaparecer de manera ordenada para lograr
su curación. Todo médico reconoce que es peligroso suprimir una erupción
aguda, aunque no todos tienen la suficiente visión como para observar que es
lo mismo con una erupción crónica, salvo que los síntomas resultantes
sobrevienen más lentamente. El valor del servicio no es nada; su tarea es lo
primero y mientras tenga esto en la mente, UD se desarrollará. El hombre que
deja un caso antes de saber qué necesita el paciente, es negligente con este.
Cae en un hábito y este trae la costumbre de prescribir sin reflexionar la
Homeopatía se ve de modo superficial, cuando se ve sólo la similitud de los
síntomas con el remedio, en las meras manifestaciones externas. Debe verse,
que es lo interno lo que relaciona unos con el otro. Sólo unas pocas drogas
serán lo suficientemente similares para curar y habrá un solo simillimun. No
podemos educar a un paciente hasta después que está curado. Tiene que pensar
acerca de esto por su propia cuenta. Aunque debemos adelantarnos y curarlo.
Hagámosle un bien a él. Esto es todo lo importante. Un memorizador aplica la
sentencia exacta de la experimentación a la exacta sentencia del paciente y la
Homeopatía jamás se vuelve viva en él. El hombre debe mantenerse atareado
mientras viva. Debe ser paciente y afanarse; cándido, benévolo y suave como un
cordero, diligente y voluntarioso. La percepción viene con el ejercicio. Hay
abundancia de habitaciones para médicos holgazanes en el otro lado del golfo
de la sabiduría Ellos pueden prestar el sueño de una noche y abrir los
intestinos. Debe cultivarse el modo quieto, silencioso de percepción. El
médico debe ser sereno, cándido y capaz de percibir. El médico más ignorante
es eñ que más querrá hacer. Muchos médicos se han vuelto locos respecto a los
“viciosos microbios” a quienes les atribuyen la causa de la enfermedad y
piensan que los pequeños congéneres son excesivamente peligrosos. Como es
sabido los microbios son barrenderos. Es asombroso que los científicos no
reflexionen cuando hacen las determinaciones acerca de la bacteria.
Naturalmente ellos podrán decir que cuantas más bacterias hay, existe mayor
peligro; pero esto no es así. Es bien conocido que después de la muerte, el
pinchazo de un escalpelo, es algo serio. Esto es debido a las ptomainas del
mismo, pero cuando el cadáver se vuelve verdoso y lleno de bacterias, es
comparativamente menos peligroso. El microbio no es la causa de la enfermedad.
No deberíamos descarriarnos por este vano sueño alopático y fútil imaginación,
sino que debemos corregir la Fuerza Vital. Salve la vida del paciente primero
y no se preocupe por las bacterias. Estas son cosas inútiles. La bacteria es
un animalejo inocente, y si transporta la enfermedad, transporta la Sustancia
Simple que causa la enfermedad tanto como lo haría un elefante. Parecería que
con solo las ocasionales curaciones con Bromuro, Secale, y Helleborus, la
vieja escuela podría haber descubierto la Ley. Pero sus libros dicen: “No hay
principios sólo experiencia”por lo tanto sus estudiantes están privados de
buscar la Ley o, de aguardar la ley. Es bastante fácil encontrar algo
diferente, pero para encontrar el semejante uno puede esperar un largo tiempo.
Es más natural suponer que el remedio curativo se encuentre en el semejante,
el cual es tan raro y requiere tanta labor para ser encontrado. Es posible
para el hombre penetrar y observar desde adentro todas las cosas del mundo
físico. El puede entonces considerar las leyes y percibir las operaciones de
las leyes. El registro de los síntomas de la salud de la familia humana es el
primer hecho que debe conocerse. Nosotros abastecemos nuestra Materia Médica
por esta vía. Por el otro lado la vieja escuela se abastece con sus
diagnósticos de enfermedades. No pueden compararse ambos almacenamientos, pero
podemos determinar cual de ellos es hecho de ley. Es una ley que si el hombre
no piensa desde los principios hasta las consecuencias, se vuelve dispuesto a
enfermarse, por hacerse daño, a través del pensamiento errado. Este estado
precede a la susceptibilidad. La susceptibilidad es anterior a todo contagio.
Si un individuo no es susceptible a la viruela, no la adquiere y no será
receptor aunque esté cerca de los peores casos, o coma una costra de viruela.
Un afinador ha restaurado la armonía de un piano, no le ha agregado ni quitado
nada a este, sin embargo le devolvió su armonía. Es un cambio que es
desconocido para alguien que no ve esta reflexión con el ojo interno. Si el
hombre no tuviera el miasma crónico no tendría enfermedades agudas. Es por el
miasma que es susceptible a estas influencias externas. Todas las enfermedades
existen como Sustancia Simple; aquellas pueden penetrar cuando se pierde la
resistencia. Esta falta de resistencia constituye la susceptibilidad. Cuando
un individuo se enferma por la sustancia cruda, y aún por las formas más bajas
de una Sustancia Simple, como la intoxicación por Rhus, muestra que necesita
esta sustancia en algún plano. La dosis es todavía muy grande para curarlo.
Mucho de lo que le corresponde al hombre y al mundo externo, el microscopio
todavía no lo ha revelado. Lo Externo tiene todo en el interior del Infinito,
en graduaciones. Esta Sustancia Primitiva reside en todo lo que se forma,
desarrolla, alimenta o tiene individualidad o identidad. Es esta la que
finaliza en una forma externa, la que es apropiada para nuestra existencia. Es
la que causa que la planta de Aconito sea Aconito y ninguna otra cosa del
resto del mundo. La Sustancia Simple está permanentemente dotada de
inteligencia desde lo primero hasta lo último del reino mineral, vegetal y
animal.