Ana y sus cólicos hepáticos


Dr. Abel Osvaldo Acuña

Llega a la consulta Ana M., de 50 años, quien me cuenta que hace diez años que padece de intensos dolores en la zona hepática. Raramente pasa más de un mes sin padecerlos y, la mayoría de ellos, con náuseas y vómitos intensos. Dice que, de pequeña, recuerda haber sido siempre "delicada de hígado". Cuando pregunto qué estudios complementarios le efectuaron, me deposita sobre el escritorio variadas radiografías simples, seriadas, estudios ecográficos y de la más alta complejidad y todos con un mismo resultado: sin evidencias patológicas.Cuando le pide que me cuenta más sobre su problema, Ana M. saca un cuaderno donde tiene prolijamente anotadas hasta las fechas de sus tratamientos y observaciones, siempre minuciosamente registradas, lo que tengo en cuenta, para la evaluación homeopática posterior del caso.

Al interrogarla sobre su manera de ser, ella me refiere que es muy compasiva con el dolor ajeno y muy demostrativa en los afectos. Me llama la atención el tono autoritario de su voz, inclusive hablando de emociones y también lo tengo en cuenta para mi posterior evaluación. Respecto de sus temores, me refiere un incidente por demás desagradable, cuando una vez se quedó encerrada en un ascensor, y otra, al viajar en un subterráneo, cosa que evita sistemáticamente.

Como hecho biopatográfico, me refiere que hace once años tuvo una fuerte pelea con una hermana, guardando, desde ese entonces, una profunda mortificación, aunque sin odio ni rencor.

La medico con su medicamento de fondo o "similimum" y la cito a los cuarenta días.Cuando vuelve a la consulta, refiere sentirse anímicamente muy bien y no haber tenido cólicos durante ese lapso. A los tres meses vuelve sintiéndose muy mejorada, sin cólicos y de excelente humor.

A los seis meses, llega a mi consultorio sin turno y de urgencia, por un cuadro de intenso dolor en zona hepática, con fuertes náuseas y vómitos. El dolor la obligaba a doblarse por sí misma para mejorar. La medico con mi botiquín de urgencia, administrándole el medicamento agudo que correspondía a sus síntomas. Y en menos de una hora está en condiciones de contarme que el día anterior tuvo una charla con la hermana sobre temas de los que hace once años no se atrevía a hablar.

Conclusiones

1. El medicamento de fondo actuó sobre la paciente, haciendo que su organismo estuviese mejor dispuesto a tolerar alimentos que antes le producían cólicos.
2. El medicamento de fondo la puso en mejores condiciones anímicas para resolver o intentar resolver un conflicto familiar latente, que era imperativo solucionar para terminar con su problemática.
3. En algún momento, entre los tres meses que no vino a la consulta, o bien: a) se quedó sin la protección de la potencia medicamentosa, o b) la magnitud de la carga emocional de la conversación con la hermana fue tal que requirió otra medicación.
4. La medicación aguda respondió rápidamente y sin suprimir ni interferir síntomas mentales, tal como la evaluación posterior de la paciente me lo fue demostrando.

Reflexiones
¿Qué medicar? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Por qué? ¿A qué? Y ¿con qué medicamento?, son interrogantes que sólo el médico homeópata puede evaluar. Además, resulta indispensable hacerlo si lo que queremos es lograr en el ser humano la armonía de las partes con su todo.