HOMEOPATÍA UNICISTA y ALIMENTACIÓN NATURAL
Por el Dr. Benito Folmer Schaab)
Homeopatía Unicista - Nutrición Natural
Al abrir la puerta de chapa doble, estaba ella, ofreciéndome una bolsita con su
regalo. Eran cuatro pomelos rosados y un huevo de avestruz.
- Ya estoy mejor, doctor, le traigo esto para que disfrute con su familia -me
dijo alegre.
Había llovido mucho esa noche, seguramente más de cien milímetros. El croar de
las ranas era tan abrumador que imponía silencio.
Observaba las huellas en el barro que se replicaban invertidas al regresar ella
a su rancho. Un enjambre de insectos matutinos revoloteaba entorno a la enjuta
figura de doña Vicenta, una mestiza de setenta y tantos años nacida en el
Paraguay. Nunca supo que el regalo más precioso que me acercaba cada tanto era
ella misma. Sus ojitos chispeantes, como de niña, resaltaban en un rostro
curtido. Era una caricia al alma tanta inocencia. Ella mejoraba de su
hipertensión y yo comprendía un poco más el vivir simple, humilde y agradecido.
“Que el alimento sea tu medicina” enseñaba Hipócrates. Más recientemente, Michio
Kushi, un pionero de la macrobiótica en occidente, considerando que las
moléculas que constituyen nuestras células y tejidos literalmente son lo mismo
que ingerimos, dijo: “en una sangre limpia, no entra enfermedad alguna”. Sería
inteligente entonces aprender a hacernos “buena sangre”. Hahnemann, el padre de
la Homeopatía, expresaba que “la enfermedad es la Energía Vital morbosamente
afectada”. Esa afectación nos llega hoy también a través de los alimentos,
mucho más que cuando él lo dijo hace doscientos años.
El 75% de las muertes en países como el nuestro y en los desarrollados, está
dado por las enfermedades cardiovasculares y el cáncer. La incidencia genética
como predisposición incide en no más del 10% de las causas de decesos. El exceso
de carne, mate, café, entre otos, provoca niveles altos de adrenalina y con
ella, stress, irritación, violencia. Es muy probable que este sea determinante a
la hora de tener el puesto número uno de muertes por accidentes viales en
Argentina. Por otro lado, se han reconocido unos 5.000 aditivos en nuestros
alimentos, (¡unos 3 kg. por año por persona!); 450 de ellos son cancerígenos.
Los consumimos a diario en carnes, harinas refinadas, azúcar, lácteos, bebidas
de toda clase, empaquetados y enlatados.
Corremos en vez de andar. El horizonte se dilata arrastrando los objetivos que
colocamos fuera de nosotros, nos llenamos de stress, automatizados, en un mundo
globalizado que quiere grandes consumidores para sostenerse. Mucho mejor si no
razonamos: “destape y disfrute”, “abra y coma”, “llame ya”. El alimento está
bastardeado por la publicidad donde el “rico sabor” inmediato y sin elaboración
alguna por parte nuestra, nos hace dependientes. Esta dependencia pesa
más a la hora de optar que la lucidez para alimentarnos y sanarnos con
nutrientes puros y también, por qué no, sabrosos. Es frecuente escuchar a
pacientes decir: “sé que no es bueno, pero me gusta” o “estoy acostumbrado”. La
salud está menos cotizada que el “gusto” o la “costumbre”.
G. Ohsawa expresó: “Nada es tan curable como una enfermedad incurable, pero nada
es tan incurable como el mismo paciente”.
Deberíamos darnos tiempo para demostrarnos que ser inteligentes es además, ser
consecuentes y reaprender a nutrirnos para sanarnos.
Hemos perdido casi por completo la presencia natural y amorosa del alimento. El
agua y el mineral suben desde el suelo a la planta, enseñándonos que lo que
nutre está reservado a los humildes que se inclinan recibiendo de muy abajo la
vida, como hace el vegetal. Si observamos con atención, vemos que literalmente “comemos
sol” porque este facilita la síntesis del almidón en la planta que nos lo
ofrece hecho hoja, fruto y semilla. No es casual que el mejor azúcar de que
disponemos es el trisacárido que encontramos en el cereal.
El Amor se hizo cosmos, expresado como mineral y como sol. Cuando ellos están en
nosotros, deberían volver a ser Amor en actos cotidianos. Así tendría sentido el
vivir. La Energía Vital circularía sanamente, sin obstáculos.
Hahnemann nos explica en su “Tratado de las Enfermedades Crónicas” desde el
párrafo 179 al 200, cuestiones vinculadas con la alimentación más conveniente,
el beber, el fumar y el estilo de vivir. También nos señala en el parágrafo tres
que, entre otras cosas, el buen médico debe saber reconocer y remover los
obstáculos para la curación ¡Y vaya si hoy por hoy obstaculizamos la salud a
través de malos y peor combinados nutrientes!
La obesidad y desequilibrios metabólicos aumentan en forma alarmante. Son
frecuentes, en un consultorio homeopático, las consultas sobre estos temas. La
Homeopatía Unicista ha de ver al paciente como un todo, recogiendo los síntomas
para establecer el cuadro completo y medicar con sabiduría pero, además, se hace
indispensable para un buen médico hoy, saber de nutrición. Conocimiento
científico y sabiduría del vivir: así podrá asistir a su paciente para sanarlo
de manera rápida, suave y sostenida, para que el “espíritu dotado de razón que
reside en nosotros, pueda emplear libremente estos instrumentos vivos y sanos
para los más altos fines de la existencia” como quería Hahnemann. Quizá él se
refería, de este modo, a que estar sanos es espiritualizar la materia, abrirnos
a la evolución, ampliar la conciencia. Mutar progresivamente la ignorancia por
sabiduría.