HOMEOPATÍA: Agravación Homeopática

Dr Hugo Ardiles

La Homeopatía Unicista fue creada por Samuel Hahnemann a fines del 1700 para cambiar la medicina tremendamente agresiva de ese momento. La medicina sigue siendo agresiva, porque introduce en el organismo substancias químicos extrañas a su naturaleza. Los médicos valoramos cada vez más el respeto por la Naturaleza, y el estímulo de los mecanismos defensivos de nuestro cuerpo para curarnos o evitar enfermarnos.

La Homeopatía tiene tres principios básicos:

    A)  Dar un solo remedio por vez, y si es posible, en una única toma.

    B)  Dar un remedio para la persona enferma y no para la enfermedad que presenta.

    C)  Respetar los movimientos naturales del organismo en su camino hacia la curación.

Cuando se inicia un tratamiento homeopático o se cambia de remedio o potencia del mismo, además de llegar a la mejoría esperada se puede pasar por lo que llamamos “agravación homeopática”, que se manifiesta por tres etapas, no siempre en este orden:

1)    Agravación transitoria de los síntomas, seguida de mejoría progresiva.

   2)  Aparición de síntomas de descarga en piel,  mucosas o serosas.

3)    Reedición de síntomas antiguos. 

Explicación de los tres puntos anteriores:

1)  Agravación de los síntomas presentes: el medicamento homeopático no produce un efecto fijo sobre un síntoma o enfermedad sino que es un estimulador de las energías defensivas del organismo o fuerza vital. La mayoría de los síntomas que presenta un enfermo es la expresión del esfuerzo del organismo para lograr su curación, provocado por esta fuerza vital. Por eso los homeópatas decimos que cuando una persona está enferma, en realidad se está curando.

El principal mecanismo de curación es la inflamación: cuando las defensas son buenas, la inflamación es aguda y va hacia la curación: cuando nos clavamos una espina en un dedo tenemos una inflamación aguda: nos duele, la zona se pone colorada y se hincha. Después empieza a formarse pus y luego se abre la piel, se expulsa la espina junto con el pus y comienzan los procesos de reparación hasta que la herida queda completamente curada. ¿Podemos llamar enfermedad a esta inflamación destinada a luchar contra un agresor externo? Evidentemente no. Se trata de un proceso defensivo, curativo. La verdadera enfermedad se mostraría en la tardanza de la formación de pus o si el proceso se detuviera en cualquier etapa previa a la reparación total, pasando así a la cronicidad, por un desequilibrio energético previo. El remedio homeopático estimula las defensas y las inflamaciones crónicas se agudizan. Se agravan entonces los síntomas presentes al reactivarse una inflamación que había detenido su evolución. Luego viene la mejoría al producirse la resolución favorable.

      2) Síntomas de descarga: el ser humano no tiene siempre sus mecanismos defensivos sanos. Puede estar energéticamente desequilibrado o intoxicado. El remedio homeopático tiende a armonizarlo, a activar sus mecanismos de defensa y a desintoxicarlo. Todos los procesos vitales dejan residuos y la naturaleza ha dotado al cuerpo de riñones, intestino, pulmones y piel para eliminar residuos y lograr la desintoxicación. Pero la eliminación puede hallarse alterada por desarmonía crónica y la desintoxicación toma forma de enfermedad aguda.

A través de las conductas se liberan  tensiones psíquicas: si algo nos sale mal nos enojamos y descargaríamos ese enojo mediante actos agresivos. Si perdemos a un ser querido tenderemos a manifestar nuestra pena llorando. Pero nos han educado para que no siempre podamos expresar nuestra pena o descargar nuestra rabia. Muchas emociones tienden a descargarse de manera diferente a lo que corresponde, usando otras vías, y pueden expresarse en forma de enfermedades agudas.

El organismo intoxicado de esa manera queda en inferioridad de condiciones frente a factores agresivos externos. Suele decirse que un problema emocional predispone a un resfrío o gripe (somatización) y ante un frío que soportaríamos bien, o el contacto con un engripado que no nos hubiera contagiado antes puede ahora enfermarnos por disminución de las defensas o por la tensión interna que busca un pretexto para descargarse. La persona entera estaría mejor, más aliviada, con menos tensión interna, si se dejara que la corriente exonerativa natural se manifestara libremente.

El remedio homeopático facilita estas vías de descarga y aparecerán síntomas en piel, mucosas o serosas, superficies protectoras con propiedad de descarga: la piel recubre todo el cuerpo; las mucosas recubren las cavidades del aparato digestivo, respiratorio y génito-urinario; las serosas son superficies de deslizamiento de los órganos (la sinovial de las articulaciones, el peritoneo de los órganos abdominales, la pleura del pulmón y las meninges del cerebro y de la médula. Así, pueden aparecer erupciones, cefaleas, resfríos, gripes, faringitis, anginas, bronquitis, lumbalgias, dolor de hombros, gastritis, flujo vaginal, etc. Estas descargas:

    a) Son de rápida evolución. Pueden ser molestas pero pasan pronto y sin tratamiento alguno. Si son mal toleradas o peligrosas aconsejamos algún remedio.

    b) a pesar de esas molestias uno se siente mejor al mejorar los síntomas crónicos.

Las enfermedades agudas son un intento de curación de las crónicas, porque permiten una descarga que alivia. En general los médicos homeópatas las respetamos y las buscamos mediante el estímulo del remedio adecuado. Los médicos solemos recibir a veces a alguna persona que se queja de problemas crónicos de poca importancia clínica, y que comenta que “es muy sano, que nunca tuvo ni un resfrío”. Nosotros pensamos: “pobre, cuando se enferme tendrá algo muy serio”, porque no tiene descargas. Cuando le demos el remedio adecuado comenzarán los resfríos, las alergias y los dolores articulares durante algún tiempo, pero veremos que mejora realmente su salud al curarse los problemas crónicos que indicaban una enfermedad grave en potencia. Quizás lo habremos salvado de un cáncer futuro.

3) Reedición de síntomas antiguos: A veces los tratamientos son dirigidos a los síntomas (tratamientos sintomáticos), como ocurre generalmente con los tratamientos alopáticos y muchos homeopáticos no adecuadamente realizados: se suele dar un sedante cuando un paciente está ansioso, un somnífero cuando no puede dormir, antibióticos cuando hay una infección, bronco-dilatadores en el asma o un antinflamatorio cuando hay una inflamación aguda. Los médicos homeópatas creemos, en cambio, que todos estos síntomas son la expresión del organismo frente a la enfermedad crónica, y en muchos casos, la expresión de la defensa del cuerpo (la inflamación, por ejemplo). La “curación” de un síntoma lo llamamos supresión cuando se trata de la eliminación de un síntoma y no la curación de la verdadera causa que lo produce. La supresión puede significar un alivio inmediato para el paciente, es cierto, lo cual parece beneficiarlo, y por eso lo busca. Pero en verdad, no siempre es beneficioso puesto que junto con la supresión del síntoma se obstruye la posibilidad de descarga del organismo, se cierran puertas de salida. El organismo busca otra forma de descarga y aparecen síntomas en otras partes. Si éstos son sucesivamente suprimidos se instalará un desequilibrio energético crónico.

Supriminos cuando damos un antiinflamatorio, un antibiótico, un corticoide o un antialérgico: no permitimos de esa manera la descarga para desintoxicar o para restablecer el equilibrio de la fuerza vital. Tomemos nuevamente el ejemplo de la inflamación: debido a una medicación supresora o por falta de una buena defensa orgánica, después de una inflamación aguda puede quedar una inflamación crónica. Ésta es un acuerdo que el organismo ha hecho con el agresor para seguir viviendo con él, presente en su cuerpo: si el agresor triunfara el organismo sería destruido, moriría. La enfermedad crónica le permite continuar con vida a pesar de las molestias que le produce. (Éste es el caso, por ejemplo, de la llamada primo-infección tuberculosa). El remedio, al activar las defensas transforma la enfermedad crónica en aguda. Reaparecerán así los síntomas que existían antes de la supresión y que habían desaparecido al curar aparentemente la enfermedad. En realidad, no fue curada puesto que reaparece.

Cuando reaparecen síntomas antiguos el homeópata llega a la conclusión de que la enfermedad expresada por esos síntomas no fue nunca curada sino solamente suprimida y pasada a la cronicidad. Con la supresión ya no hay síntomas alarmantes pero el organismo queda desequilibrado, y mostrará otros síntomas en otras zonas del cuerpo o de la psiquis, que a primera vista no tienen relación con la anterior enfermedad, pero que molestarán al paciente y acumularán toxinas que irán dañando a la persona cada vez más.

Agravación, descarga y reedición de síntomas, indican que ese remedio es el adecuado, que el organismo ha reaccionado y que lo agravado se curará.